Domingo de reflexión | El asombro de la fe
Hoy el Evangelio nos narra cómo las personas que escuchaban a Jesús quedaban asombradas, se admiraban de sus palabras y de sus acciones. Se preguntaban extrañados: “¿Qué es esto? ¿Qué clase de doctrina es esta?”
En el camino de la fe, la capacidad de asombro es muy importante. La fe que se vive como algo impuesto, transmitido por rutina u obligación es una fe sin vida, sin ánimo.
Por eso, cuando se escucha el evangelio de Jesús sin asombro, como quien oye llover o como si no fuera ya una buena noticia, se pueden tener creencias pero no una fe viva que mueva las montañas. De ahí que un cristianismo convencional sea un producto de una generación que ha perdido la capacidad de asombrarse ante el evangelio.
Dejarnos sorprender por Jesús, dejar que sus palabras, su propuesta, sus actos nos maravillen es el verdadero camino para poder ser liberados de nuestras posesiones malignas: egoísmo, envidias, odios, afán de tener, rivalidades, etc.
Sólo quien se maravilla es liberado. Sólo quien se acerca a Jesús como quien se acerca al Misterio, a algo grande, a una propuesta siempre novedosa y que nos sobrepasa, puede recibir a Jesús y ser liberado de todo lo que deshumaniza y no permite ser feliz.
También nosotros estamos “poseídos por espíritus inmundos” como el hombre del evangelio al que Jesús liberó. También nosotros nos hemos dejado atrapar por espíritus que no nos permiten ser libres. Pero es ahí donde la voz de Jesús, donde su Palabra nos puede liberar.
Quizá hemos sido atrapados por espíritus malignos tales como el desánimo, la monotonía, el enfado, el ritualismo, la apatía… y tantos más que no nos permiten asombrarnos, admirarnos ante Jesús.
Dejémonos liberar dejándonos sorprender, y que la persona de Jesús siempre sea para nosotros lo más novedoso y sorprendente. Dejemos que Jesús, el que habla con autoridad, nos libere, nos sorprenda y nos maraville.
Que tengan excelente semana
Su amigo
Padre Yaco












