Esta boca es mía | De mitos e invenciones
Fábulas que tienen asidero en la corrupción que azota a nuestro país desde hace muchísimo tiempo, pero también en la mediocridad intelectual del que las teje, o en una profunda animadversión ante aquel que piensa diferente, ese que siempre verá como enemigo.
Pretendiendo con esto, deformar a una nación entera, enfrentándola, provocando temor, disputa y discordia, todo para lograr un respeto efímero y dudoso, para intentar apuntalarse ante la población como el hombre-destino, que en su imaginación el país demanda.
Recientemente hizo una afirmación que quedó sin respuesta, algo que se entiende, ya que a diario hay un torrente de declaraciones y posturas escandalosas, para lo cual es muy complicado detenerse ante tanta verborrea.
Y que viene a ser una prueba sólida para conocer las simpatías y medir las concordancias de distintos grupos y personas con los auténticos golpistas, hay sólo un periodista, el director de un medio de la época denominado: El Noticioso Mexicano.
La gran mayoría de las felicitaciones son de militares de todas las regiones del país, también de personajes vinculados al antiguo régimen, de extranjeros, empresarios, profesionistas, artistas, aristócratas, ciudadanos comunes, incluyendo amas de casa.
Todos veían a la Revolución maderista con temor creciente y advertían el caos que se aproximaba; creían que la única entidad confiable en esos momentos, para que no sucediese una debacle, debía de ser el Ejército.
A Madero no lo mató la prensa, lo mataron los conspiradores pertenecientes al Ejército federal y a una parte de la clase política del antiguo régimen, confabulados y animados por el embajador de los Estados Unidos.
Es conocido que los golpistas tuvieron simpatías en algunos periódicos, pero de eso a ser parte del magnicidio hay una distancia enorme. Bien valdría que el Presidente electo estudiara lo sucedido en aquellos días.
Lo otro, son inventos y descalificaciones sin fundamento.














