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Análisisviernes, 17 de agosto de 2018

Esta boca es mía | Al lado de un olivo

Este esfuerzo monumental y entusiasta, refrescaba con su ingenio a la cansada y vital España, país crepuscular que había pasado por un siglo XIX desastroso e infortunado, un larguísimo siglo marcado por derrotas y pérdidas.

Es de muchos conocidos su relación amistosa y de complicidad artística con Buñuel y Dalí, su paso por la Residencia de Estudiantes de Madrid y su relación con la vanguardia francesa, así como con la intelectualidad española del momento.

Se dice que estuvo a punto de abordar un barco rumbo a México, siguiendo el destino de aquel exilio republicano que llegó al país en esos años, trasterrados que se integraron con amor e integridad a nuestra nación para no regresar.

Hasta hoy nadie sabe con certeza dónde se encuentren los restos de Federico García Lorca, pero de lo que estoy seguro, es que él se encuentra en el alma de muchos de nosotros, al lado de un olivo frondoso y de tupido follaje, la memoria.

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