Esta boca es mía | Dos evocaciones
La verticalidad de su trayectoria y lo claro de su prosa enriquecen el relato, sus memorias son una lección de fidelidad y visión cosmopolita, razón de más en estos tiempos, donde la cultura ha quedado relegada a una chusca componenda entre fuerzas políticas.
Jaime Torres Bodet (1902-1974) transita desde muy joven entre el México caótico de la asonada encabezada por Victoriano Huerta, hasta la edición de libros y formación de bibliotecas, colaborando muy de cerca con José Vasconcelos, ya en el México de la Revolución triunfante.
Personaje marcado por la poesía y convencido que la cultura no es un tema menor sino el alma de un país. Hoy he recordado especialmente a una figura central de nuestro pasado cultural, para evocar al funcionario patriota, decente, visionario y por si fuera poco, culto.
Don Jaime tenía muy claro su paso por el mundo de las instituciones, de sus memorias saltan personajes y escritores de la talla de Vasconcelos, Pellicer, Villaurrutia, Ortiz de Montellano y muchos más.
Su cercana relación con el doctor Bernardo J. Gastélum, médico y funcionario ejemplar, preocupado por la cultura y la ciencia y fundador junto con Torres Bodet de Contemporáneos, la revista por la cual desfilarán plumas señeras, publicación que a fin de cuentas le daría el nombre a esa generación y marcaría una época.
Lo que me lleva a Torres Bodet es su sólida formación y su aguda visión del México que se debía construir, dividía con conocimiento aquel México sediento por la instrucción y aquel otro, que en un plano distinto reclamaba con estridencia espacio y atención para sus artistas.
Torres Bodet sería secretario de Educación dos veces y secretario de Relaciones Exteriores, director general de la Unesco y por sobre todas las cosas un poeta y escritor.
Valga su trayectoria y ejemplo para las nuevas autoridades culturales que llegan, asomarse al pasado evita que se digan barbaridades y se cometan errores.
Echo de menos a Luis González de Alba, sus textos y su rebeldía juvenil que nunca disminuyó. Auténtico protagonista y nunca vividor de las tragedias de la patria, lo más seguro es que se hubiera burlado de aquellos predicadores de la moral política, que intentan lavan sus pecados quitando placas de bronce.
Dos evocaciones, dos personajes para entender los tiempos mexicanos, los dos decidieron morir de la misma manera. Se les extraña.
1.- Tiempo de arena, Jaime Torres Bodet. FCE. Colecc. Letras Mexicanas.
















