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Gossipjueves, 16 de abril de 2020

Imelda Figueroa a través del teatro

En entrevista, la actriz comparte sus sentimientos y lo que le genera estar arriba del escenario dando vida a un personaje

Carlos Sánchez / Colaborador

De mirada silente, como si en el acto de contemplar le fuera la vida. Analiza inquieta el mundo y sus vicisitudes. A veces acude a los misterios más imponentes, el de la muerte, por ejemplo. Y la desenvuelve desde el interior de un personaje que desdobla en escena.

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Infatigable Imelda, conversa aquí:

Imelda, gracias por aceptar esta conversación: ¿Para qué sirve el teatro en la sociedad?

“Creo firmemente que el teatro es un elemento transformador de los seres humanos y en consecuencia de la sociedad en que vivimos. Sin duda humaniza al conmover y sensibilizar. E incluso el teatro educa, forma e informa”.

¿Para qué te sirve el teatro en lo personal?

“Creo a los espectadores les sirve para verse y ver a otros, es un gran espejo donde se proyecta una realidad que nos toca a todos. Para mí es la oportunidad de comunicar aquello que necesito por considerarlo trascendental para el desarrollo humano.

Para mí, estudiar y hacer teatro representó un descubrimiento personal de mi valentía, fui consciente del pánico antes de salir a escena y la magia transformadora de enfrentarlo”.

¿Qué diferencia hay entre actuar en reparto a actuar en monólogo o unipersonal?

“Ambas tienen su encanto, su nivel de dificultad y sus partes cómodas y complicadas.

¿Cuál de las dos opciones prefieres, y por qué?

“Ambas tienen su encanto, su nivel de dificultad y sus partes cómodas y complicadas.

Y sin embargo reconozco que el reparto es maravilloso en mi experiencia, es como estar de recreo, repartes la responsabilidad, más relajado, la complicidad en la escena es maravillosa y al finalizar la función la comenta es estupenda”.

¿Qué sensaciones experimentas arriba del escenario?

“Ufff. Energía movilizándose por todo mi cuerpo, gozo, lucidez mental, mis sentidos abiertos, en ocasiones miedo paralizante y la mayoría miedo que se convierte en adrenalina. Intensidad pura y de ahí mi deseo constante de repetir ese acto una y otra vez”

¿Cuál es la escena de todo tu repertorio como actriz que más te ha cimbrado y se ha quedado para siempre en ti?

Parecería ser que todos los caminos te llevan al análisis sicológico del ser humano, lo digo por tu profesión de sicóloga, ¿qué te aporta el ejercicio del arte a tu desarrollo profesional de la sicología?

¿Cuántas veces al día te permites ser niña, o llega de improviso la infancia?

“La mayoría de las veces llega de improviso y eso es lo mejor, cuando de forma espontánea juego, me río, me atrevo, soy osada, aventurera y tierna.

Cuando paso muchas horas en la mente me canso y al mismo tiempo me vuelvo rígida y controladora. Así que voluntariamente invoco a mi niña, tengo una imagen mental de ella con sus ojos bien abiertos y querendona, así que le abro la puerta de mi ser para que se exprese”

¿Cuál de los personajes que has actuado quisieras ser en la vida?

“¡Ay!, qué difícil pregunta, puedo decirte que mi personaje de la vida real Elisabeth Kübler es una mujer que admiro y sin duda sería un honor hacer las aportaciones profesionales y humanas que hizo al mundo.

También está “Maryela” de la obra “¿Y tú, te amas o te rajas?, este personaje está basado en gran parte en mí, pero la cree más consciente y más despierta que yo. Así que claro que me gustaría ser ella”.

Si la vida es un teatro, ¿quién dirige esta puesta?

“Diría que es una creación colectiva, donde cada uno aporta lo que tiene, positivo o negativo y por eso la mayoría de las veces es un desmadre. Y sin embargo así es como trascenderemos con estas experiencias de aprendizaje”.

Dime un fragmento de guion que hayas actuado recientemente.

Es un fragmento del texto El sexo y yo de Isabel Allende y forma parte de la obra de teatro ¿Y tú, te amas o te rajas?”

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