Pachuca, Hidalgo.- En el habla cotidiana, el empleo de muchos términos costumbristas permite el entendimiento entre las personas; sin embargo, un gran número de palabras no cuenta con el registro puntual de su origen. Motivado por la inquietud, observando el entorno, Daniel Escorza se dio a la tarea de recopilar muchas de las frases que deambulan en la interacción, dando una explicación acerca del uso del lenguaje. Resultado de lo anterior, publicó “Ansina se dice, ansina se escribe. Historias e histerias del habla popular”, libro conformando de varios apartados, en los que desentraña las apreciaciones de los vocablos que se manejan casi diariamente. El entrevistado —adscrito al Sistema Nacional de Fototecas (SINAFO), se refirió ampliamente a su texto con que pretende hacer reflexión, aunque “no es un tratado de filología, ni de lingüística”. No obstante, tras una rápida revisión de estas casi noventa páginas impresas, se aprecia la puntual observación del autor en temas como género y gramática, fonética de los nombres propios, el habla popular y los diminutivos, eufemismos en nuestro lenguaje, anglicismos y fonética, entre otros. En ellos, el compilador sostiene que son resultado del ejercicio de pensar la lengua. “Como hablante del español y la mirada de historiador, Daniel Escorza da contextos a vocablos que van de lo intimista a lo global”. En el vestíbulo de Elementum, sello editorial que distribuye su texto, Daniel Escorza se permitió hablar, indicando que el tema respectivo da para más, ya que de entre los comentarios surge “más tela de dónde cortar”. Cada uno de los escritos andaban “sueltos” y hubo la necesidad de juntarlos y darles forma mediante un texto que por su tamaño y forma es de fácil manejo para su consulta. La inspiración le vino de gente acuciosa con su labor, como Antonio Alatorre y Gabriel Zaíd, así como el investigador Enrique Rivas Paniagua, así que les siguió su ejemplo. “Ansina se dice, ansina se escribe. Historias e histerias del habla popular” es una reunión de observaciones en torno a vocablos, muchos de los cuales no se encuentran en los diccionarios. Sin embargo, se refiere a “palabras vivas” que están en uso, según Mayté Romo, directora del sello independiente, quien afirma que el autor en cuestión observa cómo se suscita el recuerdo de una nana al decir: “Ya te vide, niña”, o bien, hacer pensar en la forma en que el inglés va transformando la fonética de la jota, cuando se leen nombres como Jésica o Jazmín. “Daniel visita una farmacia, una peluquería, una fonda, o recaudería y tal vez va a Real del Monte con ánimo inquisitivo, el del científico social, el del niño que inconscientemente se pregunta: ¿Por qué?” El otomí y náhuatl, el inglés y francés afloran en sus textos como fuentes de enriquecimiento del español. “El humor y su notable capacidad de asombro permiten al lector disfrutar de una buena conversación”. Ejemplo de lo anterior lo encontramos en la página 57 del texto, donde Daniel Escorza explica que en las ciudades mexicanas, como la capital hidalguense, existe una serie de negocios con el nombre de “estética”. Estos aluden al establecimiento comercial en el que se ofrece el tratamiento para el cuidado del cabello, la piel y en general para vender una mejor apariencia de las personas. “Pero no es descabellado (literalmente) que a este tipo de lugares se les llame estética, es decir, algo relacionado con el cabello y la belleza”. Insiste en que llamarles “estéticas” a las antiguas peluquerías tiene sentido. En el apartado “El otomí en el español”, el autor cita que la irritación o escoriación de la lengua y de la boca se le denomina “enguishar”. “Esta palabra puede sonar extraña a los habitantes de otras locaciones, pero por lo menos en Pachuca sigue utilizándose”. Si bien estas voces no se han ido incorporando a los diccionarios académicos, son palabras que se utilizan en algunos estratos de la población, “con mayor frecuencia en personas de más del medio siglo de edad”. El investigador termina subrayando que no se sabe si van a conservarse estos vocablos, “pero ya son parte del patrimonio lingüístico de nuestra región y enriquecen el idioma español”.