Localjueves, 2 de abril de 2026
Leyendas de Hidalgo: La mujer de Apan
El relato describe un encuentro nocturno que transformó la vida de un hombre en un camino solitario
Fernanda Huerta García

En los caminos rurales de Hidalgo, donde la noche suele envolverlo todo en un silencio espeso, sobreviven historias que se cuentan en voz baja y que han logrado mantenerse vigentes con el paso del tiempo. Una de ellas, recopilada en el libro Leyendas urbanas y tradicionales en el México del siglo XXI de la Universidad Autónoma Metropolitana, tiene su origen en el municipio de Apan, en una zona donde los ranchos se extendían entre caminos de tierra y vegetación densa.
De acuerdo con el relato, hace aproximadamente 15 años una familia vivía en las afueras del poblado, en un entorno donde la falta de alumbrado público hacía que las noches fueran particularmente oscuras. El jefe de familia tenía la costumbre de acudir a la cantina del pueblo y, al terminar la jornada, regresar caminando hasta su casa, incluso si ya había ingerido algunas copas.
El trayecto no era sencillo. Para llegar, debía cruzar un río mediante un dique de tierra de varios metros de altura, rodeado de árboles altos que bloqueaban cualquier rastro de luz. En ese punto, la oscuridad era casi absoluta y el silencio se rompía únicamente con el sonido del viento o del agua. Quienes conocían el lugar sabían que atravesarlo de noche implicaba un acto de valentía.
Una de esas noches, mientras regresaba a casa, el hombre notó algo inusual, a lo lejos, entre las sombras, distinguió la figura de una mujer. Conforme se acercaba, pudo ver que se trataba de una persona de gran belleza, con una presencia que destacaba incluso en medio de la penumbra. La mujer lo llamó, no con palabras claras, sino con una especie de insinuación que parecía invitarlo a seguirla.
El hombre, confiado y atraído por la situación, decidió aproximarse. Pensó que podría acompañarla o incluso prolongar la noche a su lado. Sin embargo, mientras avanzaba, comenzó a percibir que algo no encajaba: el ambiente se volvía más frío, el silencio más profundo y la sensación de inquietud crecía con cada paso.
Cuando finalmente estuvo lo suficientemente cerca, lo que encontró no coincidía con lo que había visto a la distancia. Aquella figura cambió de forma ante sus ojos y lo que en un principio parecía una mujer, adquirió un aspecto completamente distinto. Fue en ese momento cuando comprendió que no se trataba de un encuentro común.
El impacto fue inmediato, sin detenerse a confirmar lo que veía, dio media vuelta y comenzó a correr desesperadamente. Más tarde contaría que no recuerda con claridad cómo logró cruzar el dique ni el río, solo que el miedo lo impulsó a avanzar sin mirar atrás. Al llegar a su casa, visiblemente alterado, despertó a su esposa entre gritos, asegurando que había tenido un encuentro que no podía explicar.
Según la narración, aquel episodio marcó profundamente su vida, a partir de entonces, cambió su comportamiento, dejando atrás hábitos que antes consideraba normales. Para su familia, el recuerdo quedó como un testimonio que se repitió durante años, reforzando la idea de que hay experiencias que no encuentran explicación en lo cotidiano.