Aspirar sin abusar del poder público
Pero aquí hay otro punto igual de importante, la participación ciudadana. No basta con que la ley exista o que desde el poder se envíen mensajes correctos. Se requiere vigilancia social. Se requiere que cada ciudadana y ciudadano asuma su papel como contralor social, como observador activo del uso de los recursos públicos.
La transparencia y la rendición de cuentas no son conceptos abstractos. Se materializan en decisiones concretas, como esta: quien quiera competir, que lo haga en igualdad de condiciones. Sin ventajas indebidas, sin utilizar lo que es de todos para fines personales. La competencia democrática exige reglas claras y, sobre todo, voluntad de cumplirlas.
Hoy más que nunca, en una etapa de transformación institucional, debemos cuidar lo esencial: que el poder público se ejerza con responsabilidad y que las reglas del juego democrático se respeten. Porque cuando se confunden los intereses, cuando se mezcla lo público con lo personal, pierde la ciudadanía y se debilita la democracia misma.

















