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Análisisjueves, 1 de agosto de 2019

SECRETER | Ariadna y ellos (Primera Parte)

“Bola” y “Pelos” por lo regular están cerca de ella, apenas sale de la casa corren a su encuentro. El par de perros la cuidan desde que nació, tienen cinco años a su lado.

La mamá de Ariadna vive en un hospital, tiene alrededor de tres años en ese lugar. A la niña le dicen que pronto saldrá de ahí. Que es muy probable que la mujer esté en casa para cuando ella ingrese al primer grado de la primaria, donde aprenderá a leer y escribir.

Por las mañanas, el papá de Ariadna alimenta a los borregos mientras ella lanza puños de maíz en la jaula de las gallinas. “Bola” y “Pelos” no tienen permitido el acceso a esa parte de la granja.

El hombre de la barba miró hacía su casa, a lo lejos vio a su hija recogiendo ramas secas del pasto, pero no vio a ninguno de los dos niños por los que preguntaba el anciano. Cerca de ella “Bola” y “Pelos” husmean los troncos de los árboles.

Esa tarde ha llovido. Las aves se refugian en sus nidos. Hay algunos charcos en el camino de tierra a la granja. Ariadna hace unos dibujos para que su papá se los lleve a su mamá en su próxima visita. Usa unos viejos lápices de colores que compraron en un bazar.

La niña dibuja uno, dos, tres dibujos, todos los ilumina. Mientras ella explora su faceta de artista, su padre resuelve una revista de crucigramas y sopas de letras. Ambos están sentados en el comedor de madera, escuchando a la lluvia chocar en los vidrios de la ventana.

La mujer toma con ambas manos el rostro de su esposo, sus dedos se pierdan en la barba, le da una orden: “Dile a Ariadna que ya no juegue con ellos. Que no se vaya con ellos. Cuídala de ellos”.

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