Secreter | Fragilidad
Hemos llegado a la primavera cargando miles de muertes acumuladas en las últimas cuatro estaciones. La pandemia nos ha golpeado de varias formas y nos ha quitado seres amados. Nos ha mostrado lo frágil que es la vida y lo cercano que estamos de la muerte.
Buscamos el presunto error, la falta u omisión, y terminamos castigándose por lo que se hizo o no hicimos.
Y así comenzamos a ir por la vida cargando maletas ajenas, por caminos que no son los nuestros, con gente que no camina y pensamientos que nos detienen. La culpa es un ancla que nos ata al pasado.
Podremos culpar y después llegar a perdonar a Dios por haber permitido esa muerte. Culparemos y perdonaremos a los otros por no estar cuando se les necesite.
Pero qué complicado es perdonarnos por aquello de lo que nosotros mismos, sin razón de por medio, nos culpamos por haber hecho o no hecho. Nuestra toma de decisiones, al ver hacia atrás, les damos un valor de vida o muerte por la trascendencia de lo ocurrido.
Poco a poco la incertidumbre va desapareciendo.
Pareciera que nos inmunizamos al dolor. Tratamos de seguir la vida detrás de un cubrebocas, como si nadie hubiera muerto o pasado por el aislamiento de la enfermedad. Ya hay vacunas y la esperanza crece.
De los primeros pacientes supimos edad y género, a veces hasta el lugar dónde pudo haberse contagiado de COVID-19. De las primeras personas que fallecieron se detallaron sus comorbilidades y los hospitales o lugares donde murieron.
Aprendimos a avanzar a menor velocidad, a fijarnos metas a corto o mediano plazo, a respetar nuestras prioridades.
Seguimos amenazados, no bajemos la guardia.