Guillermo Franco Ciurana, delegado de la Cruz Roja en Guanajuato cabildea con los presidentes municipales inventar un nuevo impuesto. Pretende cobrar cinco pesos en cada recibo mensual de los organismos operadores del agua potable en los 46 municipios.
El tema no está en el resorte de los presidentes municipales, sino en el del Congreso, ya sea para darle a este organismo internacional facultades para cobrar impuestos como a otras empresas más prosaicas, como la CFE o bien turnar el tema a los Ayuntamientos para que estos a su vez autoricen el cobro, previo permiso de los diputados.
Este imaginativo señor pretende resolver de una vez por todas los graves problemas de financiamiento de la Cruz Roja, porque con la colecta anual apenas si se les alcanza para el gasto corriente y dependen de donativos más generosos de los municipios. En el caso de que avance el nuevo impuesto, tendría ingresos regulares del orden de los seis millones de pesos mensuales.
El riesgo es que don Guillermo es Kantiano, como muchos alcaldes panistas. En el caso de que le aprobaran el nuevo impuesto sería un ejemplo mundial, lo que seduce hasta el arrobamiento a los presidentes municipales, con el otro argumento de que la Cruz Roja se fundó para atender a los heridos de las guerras, y en Guanajuato como se sabe, se libra una sangrienta batalla entre mafiosos, una guerra en toda regla con saldo de miles de muertos , heridos y daños colaterales cuyos costos alguien tiene que pagar.
Octubre fue un mes igual de violento en León. La marca fue en el mes de mayo con 36 ejecutados en las calles, lo que fue un escándalo nacional, jamás en la historia de la ciudad hubo tantos asesinatos, ni siquiera en los tiempos de la guerra de independencia, la Reforma, la Revolución o la cristiada que fue la más sangrienta.
En septiembre se contabilizaron 41 muertos en la batalla del narco y al cerrar el mes de octubre la estadística fue de 34 asesinatos. Ya no se puede decir que sean al estilo de los mafiosos italianos que al menos tenían un código de honor, no mataban a mujeres ni niños y respetaban los hogares de sus rivales. Hoy impera un nuevo estilo entre los criminales, asesinan cobardemente a mansalva en cualquier parte, especialmente en los domicilios de sus enemigos no distinguen hombres de mujeres, niños y ancianos. Son como animales, ni más ni menos.
Oportunamente se dijo aquí que “El Torito” que se habilitó tan apresuradamente en la Ciudad Capital era insuficiente. Apenas tiene capacidad para media docena de fanáticos de Baco, lo que es nada comparado con la ingesta de alcohol en la plaza. En efecto, en cuanto los tamarindos montaron operativos con el alcoholímetro, cayeron ochenta entre el viernes y el sábado. Ahora que si arrestaran a los transeúntes que igual consumen grandes cantidades de alcohol, entonces para el cervantino o el rally, se tendría que habilitar el Estadio Aguilar y Maya.
Bonos simbólicos de cuatro mil 500 pesos entregó el alcalde de León Héctor López Santillana a siete empleados municipales de los de a pie. Es un reconocimiento interesante y poco común, porque lo normal es que los regañan y les echan la culpa de lo que sale mal, por eso también es justo que se les reconozca un trabajo bien hecho.
Entre los reconocidos hay un par de tamarindos, cajeras y jefes de departamento, los que hacen la talacha y no salen en la foto. Don Héctor dijo que estos funcionarios que son los que dan la cara con la gente, se distinguen por hacer bien su trabajo y evitar en lo posible que los causantes hagan filas largas y pierdan tiempo, a más de otros como los ex tamarindos que tienen medallas más importantes.
En un primer tramo, el Congreso local aprobó un lote de 16 leyes de ingresos y egresos de los municipios, les faltan 30 y el paquete estatal. Lo interesante es que, salvo las ocurrencias de terceros, al parecer no habrá otros nuevos impuestos ni aumentos significativos a los que ya existen. Los diputados no tienen plazo para aprobar el paquete fiscal, ni lo necesitan porque siempre se dan prisa para terminar antes de que empiecen las posadas.
Después de un extraordinario servicio, un mal pago. El Estado Mayor Presidencial es borrado de un plumazo. Décadas de historia son echadas a la basura gracias a la “Cuarta Transformación”. El día del Estado Mayor Presidencial que por decreto se celebraba el 18 de febrero de cada año igualmente pasa a mejor vida. Es la primera, de las instituciones más relevantes, que es “mandada al diablo” y será sustituida por una vulgar ayudantía de guaruras. Negros presagios se avecinan en nuestro país.
Ya era hora. Prácticamente desde que Acción Nacional empezó a ser gobierno, fueron creando áreas de comunicación social en ¡todas las dependencias! Bueno, nada más faltó que hasta en los sanitarios hubiera. El gobierno de Diego Sinhue ha iniciado una “poda” y hace bien previendo temporada de vacas flacas, además de que pocas realmente trabajaban. El gobernador ha dicho que se irán 500 burócratas; suponemos que los de comunicación social son una parte, pero de verdad que sí hace falta esa limpia para ajustar el gasto.
Tal vez en los múltiples discursos del primero de diciembre, en los eventos faraónicos que han sido organizados, en los actos den los que los lacayos rindan culto al presidente constitucional, se haga un llamado a la unidad de los mexicanos, porque hasta ahorita “ya saben quién” sólo se ha encargado de dividirnos, de confrontarnos, de crear intranquilidad, de tensar el ambiente. Si eso ha hecho antes de asumir el cargo, ¿qué más nos espera?