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Sin embargo, los hechos invitan a la duda.
Resulta, cuando menos, curioso que ahora la responsabilidad de garantizar la transparencia recaiga precisamente en oficinas que dependen jerárquicamente de los gobiernos que deben vigilar.
Cuando un funcionario decide qué preguntas merecen respuesta y cuáles no, se debilita el principio mismo de apertura gubernamental.















