“La Casa Rosada”
La polémica por el color de los arcos del Palacio Municipal de Mazatlán parece a primera vista un asunto menor, un tema de estética, pero ha dejado ver algo más de fondo, la forma en que se toman decisiones públicas y, sobre todo, cómo se comunican.
Ante eso, optar por recubrirla con pintura puede entenderse como una solución práctica, incluso urgente. Hasta ahí, pocas objeciones, el problema vino después.
El sábado pasado, los arcos amanecieron con un tono rosa tenue que sorprendió a muchos, no tanto por el hecho de intervenir el espacio, sino porque el color se alejaba de lo que históricamente ha caracterizado al edificio.
Las redes sociales no tardaron en reaccionar, comentarios, críticas, burlas.
Para el domingo, el tono ya era otro, más pálido, más cercano, según se dijo, a lo que se busca lograr, y ahí es donde empiezan las preguntas.
Ahora bien, también hay que decirlo, esta no es una intervención que modifique la estructura del edificio, pero el tema inevitablemente trae a la memoria otras intervenciones que ha tenido el Ayuntamiento en años pasados, donde sí se ha tocado su diseño original.
Esos cambios poco a poco fueron alterando su apariencia y le han restado valor patrimonial.
Por eso la reacción no es sólo por el color de hoy, sino por una suma de decisiones que vienen de antes.














