Davos 2026: el fin de la comodidad
El Foro Económico Mundial de Davos 2026 no anunció el colapso del sistema internacional, pero sí confirmó algo quizá más incómodo: el fin de la ilusión.
Sin proponérselo del todo, Davos se convirtió en un espacio de franqueza inusual, donde líderes políticos y empresariales dejaron atrás la retórica amable para hablar, con crudeza, del mundo que realmente tenemos delante.
Así, Carney puso sobre la mesa una verdad incómoda: el sistema internacional basado en reglas cumplió su función, pero hoy muestra límites evidentes.
Su llamado a que las potencias medias asuman un papel más activo no fue retórico, sino una invitación a reorganizar el tablero ante el agotamiento del orden heredado.
Desde el extremo opuesto del espectro, Donald Trump volvió a dominar la escena. Su intervención en Davos no dejó espacio para ambigüedades: economía y comercio son, para Estados Unidos, herramientas explícitas de poder.
Esa misma huella marcó los debates geopolíticos. Europa, sacudida por las declaraciones de Trump sobre Groenlandia, descubrió el valor —y el costo— de plantar cara.
Mientras que Ucrania, inicialmente relegada, volvió al centro de la agenda con la visita de Volodímir Zelenskiy, aunque un acuerdo de paz sigue siendo esquivo.
Incluso Rusia regresó indirectamente a Davos, con la presencia del enviado de Putin dialogando con funcionarios estadounidenses, una señal impensable hace apenas unos años.
En el plano económico, el mensaje fue igual de contundente: Las amenazas arancelarias de Estados Unidos reforzaron entre empresas y gobiernos la idea de que la estabilidad, la previsibilidad y el estado de derecho escasean.
La tecnología terminó de completar el cuadro. Jensen Huang, CEO de Nvidia, y otros líderes dejaron claro que la inteligencia artificial, la geopolítica y la seguridad nacional ya son inseparables.
La IA promete productividad y crecimiento, pero también plantea riesgos laborales y de desigualdad.
En este asunto, Davos dejó una conclusión esencial: no hay atajos. Para que la IA sea una palanca real de inclusión y resiliencia, se requieren casos de uso concretos, inversión sostenida en personas y una gobernanza ética y segura.
Al mismo tiempo, el aumento del gasto en defensa aparece para muchos como una oportunidad económica, incluso cuando el mundo celebra que, al menos por ahora, algunas amenazas no deriven en soluciones militares.
No omito mencionar que en el evento en total se reunieron cerca de 400 líderes políticos, incluyendo aproximadamente 65 jefes de Estado y de Gobierno, junto con ministros, presidentes de bancos centrales y altos funcionarios de más de 130 países.
También Altagracia Gómez Sierra que es empresaria y coordinadora del Consejo Asesor de Desarrollo Económico Regional y Relocalización (CADERR).
Además, Alexander Stubb — Presidente de Finlandia, Kyriakos Mitsotakis — Primer Ministro de Grecia, Micheál Martin — Taoiseach (Primer Ministro) de Irlanda y Karol Nawrocki — Presidente de Polonia.
Lo cierto es que Davos no resuelve problemas ni sustituye a la diplomacia formal, pero sí marca el tono del año. Y en 2026, ese tono es más áspero, más político y menos indulgente.
