De la pluma de Miguel Reyes Razo / Reporteros en la convulsa Centroamérica
“Esta de Nicaragua -sentenció don José López Portillo- será, ya es, la última revolución del Siglo Veinte. ¡Ojalá triunfe! La nuestra -juzgó el Presidente de México- quedó a medias. La de Cuba sufre. Ayudaremos a Nicaragua…
“Quiero ser reportera. Y no me dan oportunidad en mi periódico. Con mi propio dinero viajé aquí. Pedí mis vacaciones. Voy a ir a una población cercana. Te aviso Reyes Razo…
Prado y su equipo recibieron la orden de rentar un avión e ir de inmediato a Guatemala.
“Vente con nosotros -me invitó Prado.
“Debo avisar a mi periódico, Juan José.
“No; no te muevas de ahí -decidió el desechurado Ariel Ramos.
“Aconsejé a Juan José Prado sobre su misión en Guatemala. Adiós.
“Oye -me llamó Ariel Ramos- ya lo pensé. Tienes razón. Ve a Guatemala.
“Ya se fueron, Ariel. Viajaré mañana.
Y fui y me presenté en la morgue. Nunca lo repetiré. Cadáveres de hombres y mujeres quemados. Dolor, pena, miedo…
Guatemala se sacudió. Llegaron los reporteros. Marco Aurelio Carballo en pleno éxito de Unomásuno . Planeaba el periódico. Con Manuel Becerra Acosta, con Héctor Aguilar Camín, con Carlos Payán. Jefe de Información. Nos alegró encontrarnos en Guatemala.
“Bien, ya sabes. Preparo un libro que titularé Morir de Periodismo, maestro. Lo que vivimos. Lo nuestro. Acontecimientos como este. Y el interior del diario. ¿Qué te parece ?
“Supe, Marco -le contesté- que este joven Fernando Meraz que se las da de muy valiente y amenaza con liquidar a sus enemigos se peleó con Rafael Cardona…
“Meraz es puro cuento. Inventa, infla, vuela las notas. Y en la vida diaria se hace llamar “el joven Hemingway”. Deslenguado. Eso sí, con una copa se envalentona y amenaza. Tú lo conoces Reyes Razo.
“Manuel Mejido le hizo creer en El Universal que es el futuro gran cronista de México. Ya te imaginarás. Se da unos aires…
“Pues resultó que Rafael Cardona, que es compadre de Manuel Becerra Acosta tiró “a lucas” al joven Meraz. Lo que enfureció al inestable Fernando que alardeó: “Voy por una pistola”.
“Entonces Cardona lo paró en seco y le dijo: “Te voy a partir la cara. Para que se te quite lo hablador. Nomás voy a mi escritorio por mi vaso para comer un poco de vidrio y regreso a darte una tanda de catorrazos.
“¿Y?
“Lo hizo -exclamó Marco. Mordió el vaso y Fernando Meraz se desorbitó. Se quedó frío. Lo aterró ver la frescura y tranquilidad con que Cardona encajaba los molares en el vidrio…Echó a correr. En el fondo es rajón.”
Y Ana Cristina Peláez, del equipo de Jacobo Zabludovsky. Con Julio Gonzalez, su camarógrafo. Curtido en conflictos internacionales. “Regresé de Irán. La cosa está muy fea” -informaría a guisa de saludo Julio.
Estudiantes universitarios amenazaron con desfilar por el centro de la ciudad de Guatemala con los ataúdes de los campesinos fallecidos. Lucas García advirtió tajante:
“No lo permitiré. Los detendrá el Batallón Modelo. Con sus mejores tiradores.
Y los reporteros junto a los estudiantes enardecidos, retadores.
¡Se ordena a los señores periodistas se desprendan de donde se hallan y avancen con las manos en alto. En fila india. Con las manos en alto. Los integrantes del Batallón Modelo los tienen en la mira. Avancen.
“Obedecimos. Ahí iba Ana Cristina. Pantalón verde “de guerrillera”. Paso a paso. Con los brazos en alto.
Temblaba George Nathanson y su voz era grave, entrecortada, urgia:
“¿Nos van a matar, Miguel…?
“Hoy no Yeorsh. Hoy no -le respondí, le recomendé. Nomás no corras…”
Salimos de la zona crítica. Fue entonces cuando Marco Aurelio Carballo recordó, invitó:
“Aquí producen un ron muy bueno. Ron Botran, se llama. A veces llega a Chiapas. ¿Quieres uno? Te invito.
“Yo no bebo ron, no me gusta. Y me “pega” feo. Mejor un “guisquey”, como dice Toño Andrade.
“No me hables de ese Toño Trastupijes. Me las debe.
“Salud, Marco.
“Salud, Reyes Razo.

















