Para todo opinador de los acontecimientos sociales y políticos o analista, para decirlo en forma elegante, en este preciso momento es obligado referirse a los recientes acontecimientos en torno a Nemesio Oceguera Cervantes, personaje conocido mundialmente como El Mencho.
Su captura por las fuerzas armadas mexicanas e inmediato deceso, el alcance del hecho va mucho más allá de las fronteras de nuestro país donde desde hace un buen rato la noticia criminal trascendió las páginas policiacas para inundar las demás secciones, principalmente la especializada en la actividad política.
Dicen las crónicas periodísticas que El Mencho, nacido en la comunidad de Aguilillas, ubicada en el estado de Jalisco, inició una carrera criminal en 1980 estando en los Estados Unidos donde fue detenido por la comisión de delitos relacionados con la distribución de drogas, razón por la que posteriormente fue deportado a nuestro país en el que continuó con la actividad ilegal alcanzando una notoriedad tal que le permitió fundar en 2011 la funesta organización criminal denominada Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG), la que en muy poco tiempo extendió actividades en cuando menos veinte estados del territorio nacional y operó en varios países mediante el tráfico de drogas, el secuestro, extorsión y lavado de dinero, provocando violencia y terror, estableciendo alianzas con otros grupos criminales en todo el mundo, lo que le permitió expandir exitosamente sus operaciones y, con ello, aumentar exponencialmente su poder económico y político.
A decir de los especialistas en la materia, el crecimiento del CJNG no se puede explicar sin la complicidad de servidores públicos adscritos a instituciones de los gobiernos locales y de la Federación que le proporcionaron distintas formas de protección en sus operaciones delictivas que le permitieron el financiamiento de campañas políticas y con ello, la manipulación de procesos electorales en las regiones de su interés, es decir, por su corrupción. La expansión del grupo criminal lidereado por El Mencho, practicando sin límites la violencia extrema, condujeron a nuestro país a una crisis de seguridad que se fue extendiendo a otras latitudes hasta convertirse en una amenaza internacional apoyados con el uso de novedosas aplicaciones de mensajería cifrada y teléfonos satelitales para comunicarse en forma segura, manejando drones y cámaras de vigilancia así como el empleo de software de espionaje para infiltrarse en los sistemas gubernamentales, circunstancia que puso en alerta a los países tan emblemáticos como Estados Unidos, España, Italia y Francia afectados con el consumo creciente de estupefacientes y la generación de un grave problema de salud pública entre sus habitantes, así como de los perjuicios asociados al tráfico de drogas.
En pocas palabras, Oceguera Cervantes se convirtió en un temible enemigo público de la paz y la estabilidad mundial, al que era urgente detener y aun cuando no monopolizó la actividad delictiva ni era el único y todos sabemos que su ausencia en el escenario criminal no implica la extinción del CJNG y mucho menos de las conductas ilegales que le fueron propias e hicieron inmensamente rico y poderoso, como sociedad civilizada debemos aprender lo peligroso que es permitir que una persona con las características del delincuente se haga de tanto poder ilegitimo e ilegal. Después de todo,