Por qué nos cuesta tanto dejar de tocarnos la cara
Una de las medidas necesarias para evitar la propagación del coronavirus, pero que a veces hacemos sin pensar
Arianna Bustos / El Sol de México
De acuerdo con el especialista, como especie hemos aprendido a tocarnos el rostro como un reflejo al estornudar o para reconocer al otro.
“Hacerlo tiene un alto valor adaptativo, por ello las caricias en el rostro son altamente deseadas, y ni qué decir de los besos, que implican la interacción de los rostros y tienen una connotación evolutiva. Es placentero sentir ese roce”, enfatiza.
Lo que dice el rostro
A largo de la evolución, aprendimos que cuando tenemos mucho miedo o enfrentamos algo aversivo, debemos cubrirnos la cara. Además, refleja nuestras emociones, como tristeza, alegría, enojo, miedo o ansiedad.
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