Dios y el Diablo en el equipo de campaña
No es extraño que muchos videntes, brujos, chamanes, magos, astrólogos, santeros y cartomancistas estén al lado de los políticos para “ayudarlos” a mantener el poder, arrebatarlo a otros e incluso tomar decisiones políticas. Pero, cuando el mal se hace presente, entonces recurren al exorcista
Saúl Hernández / El Sol de México
A lo largo de su vida como sacerdote ha atendido a poco más de una decena de políticos de distintos partidos. No revela sus nombres y cargos, pero sí comparte que cinco acudieron con él durante las últimas elecciones, es decir, la mitad.
“El hecho de que cada vez más políticos pidan la ayuda espiritual es algo importante porque quiere decir que el mal cada vez se adentra más en la persona y en el mundo de la política”, comenta el padre Agustín de Diego.
No todos los políticos aceptan el trato. El párroco recuerda el caso de uno que le llegó hace dos o tres años que, según su dicho, había hecho un pacto con el Diablo mediante varios rituales hasta que finalmente éste se introdujo en él, causándole distintos males.
PODER Y BRUJERÍA
Felipe Monroy, periodista especializado en religiones, señala que estas creencias están arraigadas en los políticos “más de lo que usualmente están en la sociedad” y tiene que ver con el hecho de ganar o perder el poder.
Elio Masferrer Kan, antropólogo de las religiones, coincide en que “los políticos son muy supersticiosos”.
SANTOS CONTRA DEMONIOS
No es el único santo al que se pide ayuda para combatir al Diablo. También se puede invocar la acción de la Virgen María, del Espíritu Santo o de algún santo al que la persona afectada sea devota, como San Judas Tadeo.
Satanás también tiene sus secuaces. El párroco cita que un exorcista de El Vaticano enumeró un millón 790 mil demonios, “cada pecado es patrocinado por un demonio, cada vicio es patrocinado por un demonio, cada droga es patrocinada por un demonio”.
No cualquier sacerdote puede expulsar a un demonio. Sólo algunos determinados por el obispo pueden llevar a cabo lo que se conoce como un Exorcismo Solemne o Mayor, es decir, la acción directa de sacar a un demonio o a varios del cuerpo de una persona.
El paso previo para llevar a cabo este ritual es que el afectado y el equipo de oración que acompaña al sacerdote estén bien confesados.
Posteriormente se lee un salmo y una porción de los evangelios que estén relacionados con el Diablo, por ejemplo, cuando Jesucristo fue tentado en el desierto o cuando expulsó a los demonios de las personas.
El ritual finalmente cierra con una oración acción de gracias porque Dios permitió llevar a cabo el exorcismo.
“Es como si tú pones a un dóberman y a un chihuahueño. El dóberman nunca te va a ladrar, de pronto te suelta la mordida, no te avisa. El chihuahueño se la pasa ladrando porque es su forma de defenderse, así son los demonios”, explica.



























