Sin límites
El discurso sobre la importancia que tienen los bosques y las aguas para todo tipo vida no tiene objeciones. Lo mismo se les reconoce en el ámbito de los actores políticos que en el de los educadores o en el del comercio y la industria.
Comparten, también, ambos fenómenos una concesión singular de las instituciones gubernamentales, el trato benevolente de abrazos y estímulos, antes que la aplicación sin más de la ley.
Es una moda económica aceptable y encomiable, respetuosa, invertir cualquier capital en una huerta aguacatera instalada en bosques quemados como es loable a través de corridos y vestimentas, la actuación de jóvenes en el crimen.
El retorno a los acotamientos jurídicos debe suponer el rompimiento con los discursos normalizadores y con la tolerancia a la disfuncionalidad gubernamental; esa es la condición evidente para recuperar la gobernabilidad perdida.












