Los votos del agua
Los gobiernos, al ajustar sus acciones y presupuestos al objetivo de la elección en el calendario, excluyen la atención a la naturaleza porque han venido creyendo que la naturaleza no paga electoralmente, es decir, no produce votos en el tiempo que los necesitan.
Y tienen razón, en el horizonte de la captura de votos la inversión presupuestal en la problemática ambiental no se ve y no se puede capitalizar como la inversión en un concierto gratuito, o la entrega de dinero en efectivo a cierto sector social.
En la perspectiva de la inmediatez política la inversión para atender problemas medio ambientales no paga, sus resultados escapan a la idea de tiempo y la cronografía que ha construido el poder para alimentarse.
El menosprecio gubernamental por la naturaleza en los últimos 40 años, no obstante, ha engendrado con lentitud (según el tiempo humano) pero con consecuencias inexorables, distintas crisis que en el presente y futuro inmediato también ocasionarán crisis sociales.










