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Análisislunes, 19 de febrero de 2024

Rezar por la lluvia

Como no hubo previsiones y tenemos poco o nada para mitigar la falta de agua, la esperanza, la única esperanza, está en rezar para que la lluvia moje los campos y las serranías, no se sequen los embalses y el agua llegue para todos.

La creencia en la infinitud e inalterabilidad de los ciclos naturales ha llevado a creer a los políticos que no tiene caso ocuparse en el reino de lo natural porque este se autocorrige por sí solo y para bien de la civilización de nuestra especie sapiens.

Al paso de las décadas este comportamiento omiso y derrochador de los bienes que se obtienen de la naturaleza está arrojando sinsabores que incomodan la estabilidad de la sociedad actual de gozo y bienestar sin responsabilidad, sin ética.

Como las reservas de agua almacenada en embalses tienen fecha cercana de caducidad se les ocurre que es tan fácil resolver perforando para sacar agua del subsuelo o construyendo alocadamente represas para capturarla.

El político quiere verse entregando un garrafón de agua por familia, llevando una pipa para llenar los aljibes de una colonia; desea verse regalando botellas de agua para que los niños sacien su sed.

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