Espejos de vida / Un libro que se cierra
De igual manera, era el único lugar donde se vendía una deliciosa nieve que ellas mismas preparaban, así como los dulces de leche, conocidos como jamoncillos, que sin duda alguna, representaban un producto típico de nuestra comunidad.
Memorias que se convirtieron en guía, en referente y fuente de inspiración para la comunidad ballezana. Su bondad desinteresada tocó las vidas de quienes tuvimos el privilegio de conocerla.
Fue una persona que enseñó lecciones valiosas con la sabiduría acumulada a lo largo de los años, mostrando una sonrisa presta, franca, palabra oportuna y un trato cordial cimentado en la práctica de los valores universales.
Cada arruga que fue surcando su rostro, llevaba consigo las historias de una vida bien vivida, llena de experiencias, desafíos superados y momentos de felicidad compartida.
Sabemos que su influencia perdurará tanto en las personas que la conocimos como en el árbol genealógico familiar. Que su alma descanse en paz.















