97 años de orgullo priísta
Ser oposición hoy exige carácter. Exige convicción. Exige entender que la democracia no se defiende cuando es popular hacerlo, sino cuando es necesario hacerlo.
Soy priísta desde los 15 años. Y 15 años después, lo soy con más convicción que nunca. Porque cuando la democracia enfrenta riesgos, la lealtad a las instituciones deja de ser un discurso y se convierte en un deber.















