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Análisislunes, 20 de febrero de 2017

Carranza, papá del ejército actual

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Ex facto óritur ius. Del hecho nace el derecho.

por José Alarcón Hernández

El Ejército mexicano reconoce su origen en un decreto que emitió el gobernador de Coahuila, Venustiano Carranza, el 19 de febrero de 1913.

En esa fecha promulgó un decreto, que es el “acta de nacimiento” y base legal del actual Ejército.

Por su importancia reproduzco textualmente el mismo:

“Venustiano Carranza, Gobernador Constitucional del Estado Libre y Soberano de Coahuila de Zaragoza, decreta:

Número 1421. Artículo 1º. Se desconoce al General Victoriano Huerta en su carácter de Jefe del Poder Ejecutivo de la República que él dice le fue conferido por el Senado, y se desconocen también todos los actos y disposiciones que dicten con ese carácter.

Artículo 2º. Se conceden facultades extraordinarias al Ejecutivo del Estado en todos los ramos de la administración pública, para que suprima los que crea convenientes y proceda a armar fuerzas para coadyuvar al sostenimiento del orden Constitucional de la República.

Económico. Excítese a los gobiernos de los demás estados y a los Jefes de las fuerzas federales, rurales y auxiliares de la Federación, para que secunden la actitud del gobierno de este estado.

Dado en el salón de Sesiones del H. Congreso del Estado en Saltillo, a los diecinueve días del mes de febrero de mil novecientos trece. A. Barrera, Diputado Presidente. J. Sánchez Herrera, Diputado Secretario. Gabriel Calzada, Diputado Secretario.

Imprímase, comuníquese y obsérvese.

Saltillo, 19 de febrero de 1913. V. Carranza. E. Garza Pérez, Secretario.”

Como se advierte el Ejército actual que reconoce al que fundó Carranza se creó antes de que se emitiera la Constitución de 1917 de la cual estamos celebrando, con poco entusiasmo, el centenario de su promulgación.

Como es sabido de todos, Venustiano Carranza no era militar, era un próspero agricultor, por cierto era hermano protestante.

Es de entender que los estados mayores de esos “ejércitos” se improvisaron, no habían egresado de colegio militar alguno ni habían tenido condición profesional.

Su organización fue bastante primitiva. En sanidad por ejemplo se nombraron médicos y enfermeras civiles; en transmisiones atrajeron trabajadores telegrafistas y ferrocarrileros que habían servido en la estructura porfiriana, teniendo ahora importante participación.

Entonces no tenían como ahora excelente material de guerra. Sí, llegaron a constituir establecimientos para reparar armamento portátil e incluso piezas de artillería. Entonces el personal de intendencia lo desempeñaron mujeres que acompañaban a los soldados durante el día y la noche, eran las “soldaderas”.

Gloria Fuentes dice que estas “soldaderas” eran abnegadas, heroicas, anónimas, valientes, que llegaron a convertirse en un personaje característico de nuestra revolución, que lo mismo acompañaba a los “pelones” federales que a los “sombrerudos” revolucionarios.

Los uniformes de estos ejércitos, en su mayoría fueron improvisados, y en muchos casos ni uniformes usaron. Los grados e insignias fueron los mismos que los del ejército porfiriano.

Permítame terminar estas breves notas en palabras del general Corona del Rosal. “El militar no necesita reafirmar su lealtad; basta el juramento que hace ante la bandera. Su uniforme y la educación lo obligan a no abandonar la senda del deber.”

Mis correos: vivereparvo45@yahoo.com.mx

vivereparvo45@hotmail.com

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