La pasión por el poder
La pasión de dominar es la más terrible de todas las enfermedades del espíritu humano Voltaire
Escribo estas notas a propósito de los tiempos que ahora vivimos y testificaremos en 2018.
El ser humano posee varios sentimientos que lo distinguen de cualquier otro ser vivo existente en la Tierra. Entre esos sentimientos está la pasión por el poder y la ambición por dinero.
Toda la historia de la humanidad contiene modelos, ejemplos de los sentimientos del ser humano, desde que apareció en la Tierra.
De todos los sentimientos que cada persona posee, en diferentes grados, en relación con otros, el poder político y la posesión de recursos, esto es, principalmente del dinero, son los dos grandes motores que mueven a los seres humanos.
La obtención del poder frecuentemente se convierte en pasión, que va desde grados naturales hasta situaciones psico-emocionales, patéticas.
No hay país en el mundo en el que no existan dictadores, algunos emboscados, emperadores, dueños de todas y de todos, imponiendo su voluntad a costa de lo que sea.
Es más, lo que hoy llamamos la competencia en los mercados, es una expresión clara del ejercicio del poder, del dinero, esto es de la ganancia, de la utilidad, que van en pareja.
No importan los caminos que se elijan para el logro del poder y el dinero.
El primero se obtiene por la instalación de las dictaduras o por la “vía” de las democracias.
Las dictaduras son los ejemplos clásicos de la pasión por el poder. Esas, o sea las dictaduras, se imponen por la fuerza, con el ejército o con la simulación.
El poder por la vía de las “democracias” también se instaura y se adquiere por el camino del engaño, del temor, de la amenaza e incluso del asesinato.
Los poderosos por la vía política frecuentemente son psicópatas, el remedio de esto es que, no son eternos y también mueren y llegan a la tumba como el común de los seres humanos.
El poder es capaz de todo, de abjurar de sus principios y valores heredados o adquiridos.
Dos clases de malvados, de los que se hicieron del poder, por ambición, pasando sobre la honra de sus padres y de los que se hicieron también por la acumulación monetaria, a veces por el asalto, por el engaño, por la amenaza o por la mentira.
En la Tierra seguramente, en todos los pueblos y en toda la historia ha existido ese pequeño grupo de ambiciosos por concentrar el poder y acumular riqueza.
Las rebeliones y las revoluciones, nunca han estado exentas de la obtención del poder, algunas con el pretexto de servir y hacer justicia, pero todas, sin excepción alguna, han terminado en el monopolio de los poderes, el de mando y el del dinero.
Allí han caminado con esos fenómenos las corrupciones y las impunidades que han sido condenadas por los propios corruptos y los impunes.
Permítame decir que esas dos fuentes de energía, el poder de “servir” y la obtención del dinero, siempre se han obtenido de manera ilegítima, aun cuando aparenten legalidad.
Legitimidad y legalidad, son principios que están en las normas supremas en todos los países, pero lo cierto es que solo adornan la ley fundamental y a su vez se convierten en instrumento para dominar y engañar.
Hay ciertamente casos en los que las personas han sido sencillas, humildes, serviciales, pero pronto llega el ansia de obtener poder imperial y dinero, que al final son actos ilegítimos.
Ojalá, estimado lector, usted pueda hacer memoria y de encontrar los nombres de estos pocos, muy pocos, diputados, senadores, funcionarios y gobernadores.
Bertrand Russell escribió: “El afán de poder es la más violenta pasión humana”.
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