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Los dogmas de fe son declaraciones fundamentales que, en el contexto religioso, son consideradas verdades esenciales e innegociables. Su aceptación es crucial para la identidad de los creyentes y su conexión con lo divino. Estos dogmas no solo encapsulan la esencia de la fe, sino que también actúan como un marco que une a las comunidades religiosas alrededor de creencias compartidas. A lo largo de la historia, diversas religiones han definido sus dogmas, que varían en contenido, pero comparten la función de proporcionar estructura y significado a la experiencia de fe.
Aunque el término “dogma” se usa principalmente en el contexto del cristianismo, muchas religiones tienen creencias fundamentales que los seguidores consideran esenciales para su fe. En el Judaísmo por ejemplo, “La Unidad de Dios”, que es la creencia en un solo y único Dios, como se expresa en la oración Shemá: “Escucha, Israel, el Señor nuestro Dios, el Señor es uno”. “El Tawhid”: La creencia en la unicidad de Dios (Alá), que es el principio fundamental del Islam, la aceptación de las cinco prácticas fundamentales, que incluyen la fe, la oración, la caridad, el ayuno durante el Ramadán y la peregrinación a La Meca, asi como la creencia de que Mahoma es el último profeta de Dios y que el Corán es la palabra final y completa de Dios a la humanidad. O en el Hinduismo, “El Karma y el Ciclo de Reencarnación”: La creencia en la Ley del Karma (causa y efecto) y el ciclo de nacimientos, muertes y renacimientos (samsara). O qué decir de la base del Budismo, que enseña la existencia del sufrimiento, su origen, la posibilidad de su cesación y el camino hacia esa cesación (el Noble Óctuple Sendero).
En este sentido la Iglesia Católica no es la excepción, algunos de los dogmas más significativos incluyen la Trinidad, la Encarnación y la Inmaculada Concepción de María. La Trinidad es la creencia en un solo Dios en tres personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. La Encarnación sostiene que Jesús es, al mismo tiempo, verdadero Dios y verdadero hombre, un dogma que es fundamental para entender el nacimiento del niño Jesús. Este evento, celebrado en la festividad de la Navidad, es visto no solo como un momento histórico, sino como la manifestación de la salvación traída al mundo.
Otra festividad valiosa en la tradición católica es la veneración de la virgen de Guadalupe, un símbolo profundo de la maternidad y la protección espiritual en la fe católica, especialmente significativa en México, España y América Latina. Aunque su veneración es intensamente valorada y practicada, no se considera un dogma de fe en el sentido estricto. En cambio, la fe en la Virgen de Guadalupe se articula a través de la devoción popular y la tradición cultural, elogiando su intercesión sin ser formalmente un dogma como lo es la Encarnación.
Cada una de estas creencias actúa como un principio fundamental que une a los seguidores de estas tradiciones y guía sus prácticas y vidas espirituales. A pesar de las diferencias en las creencias entre las religiones, el concepto de tener una serie de principios inmutables es un tema común en muchas religiones. Examinar dogmas en otras tradiciones religiosas nos ayuda a apreciar la diversidad y la riqueza del pensamiento espiritual y que a través de estas creencias, se evidencia que los dogmas no sólo definen la fe de los individuos, sino que también sirven como un medio para agrupar y unir a las comunidades. En este sentido, la esencia de los dogmas trasciende su forma y contenido específicos, para convertirse en un puente hacia la solidaridad y la cohesión social.
A medida que nos acercamos a las festividades de fin de año, y especialmente hoy, a la celebración de la Navidad, resulta vital reflexionar sobre lo que estos dogmas de fe significan para cada uno de nosotros. En un mundo que a menudo se siente dividido y caótico, el reconocimiento de nuestras creencias compartidas puede convertirse en un mecanismo poderoso para fomentar la unidad y la comprensión.
El mensaje central de muchas de estas fiestas es el llamado a hacer el bien y a tratar a los demás con bondad y respeto, como quisiéramos ser tratados. La unión de diferentes dogmas y creencias bajo el gran paraguas del amor y la compasión resalta la necesidad inherente de la humanidad de buscar lo mejor en sí misma y en los demás. Así, al considerar nuestras propias creencias y nuestras devociones, podemos abrir un espacio para el diálogo y la tolerancia, fortaleciendo no solo nuestra fe, sino también nuestro sentido de comunidad en un mundo que constantemente busca la luz en la oscuridad.