EN PUNTO
En la polémica fotografía de Blanca Alcalá Ruiz en compañía de Mario Riestra Piña en una suerte de conversatorio con el expresidente del desaparecido Instituto Federal Electoral (IFE), Luis Carlos Ugalde Ramírez, publicada en las redes sociales de la expriista el pasado 16 de enero, aparecen ocho personas.
De izquierda a derecha: Enrique Doger Guerrero, José Zenteno, Genoveva Huerta Villegas, Mario Riestra, Blanca Alcalá, el invitado Ugalde, Carolina Beauregard Martínez y Ricardo Gali Saucillo.
La imagen provocó revuelo entre los integrantes de la clase política local porque sirvió para confirmar un trascendido que se había manejado con mucha anticipación: la salida de Blanca Alcalá del PRI para pasarse a las filas del PAN.
La primera parte de esa especie ha sido concretada: la expresidenta municipal de Puebla dejó el barco tricolor, y solo quedan por definir los acuerdos de su aterrizaje al partido blanquiazul para confirmar la segunda.
La fotografía, aunque elocuente, no muestra al resto de los asistentes que acudieron a la convocatoria de esa mañana en el Club de Empresarios.
Fuera de la mesa que retrató a Ugalde y sus anfitriones hubo un personaje que suele ser como ave de las tempestades para los políticos desde que se incorporó a la grilla poblana en los comienzos del morenovallismo, allá por el año de 1998.
En efecto, quizá usted ya adivinó.
Se trata de Fernando Manzanilla Prieto, quien ha estado ausente de los reflectores desde que Ignacio Mier Velazco, a quien le coordinó la campaña interna, perdió la candidatura de Morena al gobierno del estado.
Dicen los organizadores de ese encuentro que Manzanilla Prieto no acudió al desayuno para hacer alianza con los opositores a Morena ni tejer una conspiración en contra de los líderes del nuevo régimen en el estado, sino que estuvo ahí convocado por Ugalde Ramírez, su amigo.
Como sea, su presencia fue motivo de curiosidad y comentarios entre los asistentes.
Una imagen de Alcalá, Riestra y Doger con Manzanilla habría sido todavía más provocadora que la que todos vimos en la cuenta de la expriista.
Pero no se dio.
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A propósito de Blanca Alcalá y su partida del PRI.
No es la primera que se marcha del tricolor.
Antes que ella hicieron lo propio varios presidentes del partido, como Jorge Estefan Chidiac, Juan Manuel Vega Rayet, Néstor Camarillo Medina y, ¿le suena?, Alejandro Armenta Mier.
Los últimos de sus candidatos al gobierno del estado tampoco siguen en sus filas: Javier López Zavala, Enrique Doger Guerrero, Alberto Jiménez Merino.
La que faltaba por marcharse era Blanca Alcalá, quizá lo más valioso en términos de historial que le quedaba a ese instituto político.
La virulencia expresada desde algunos frentes en contra de la expriista, por su eventual arribo al PAN, confirmó las expectativas que se tenían (y tienen) en la dirigencia del blanquiazul con relación a este fichaje, y fortaleció sus intenciones.
Si tanta molestia causó, razonan en el panismo, algo importante debe representar todavía.
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Y a propósito del PRI.
Juan José Castro Justo, quien hasta hace unas semanas fungía como presidente interino del Comité Directivo Estatal del PRI, no se irá de Puebla... por el momento.
El guerrerense tiene la encomienda de parte de Alejandro Moreno Cárdenas de supervisar el acoplamiento de la nueva dirigente, Xitlalic Ceja García, con los integrantes de la estructura partidista que le fue heredada.
La idea es que los miembros de la estructura acepten a Ceja sin condiciones y que ella no los eche de donde están, para no perder lo que el mismo Castro Justo trabajó durante los meses que estuvo al frente del partido.
El plazo estimado para que el expresidente siga por estas tierras vencerá en abril.















