La sangre del cerdo | El Rincón de Zalacaín
Unos familiares habían traído de regalo unos cuantos kilos de “moronga” famosa en su pueblo por prepararse con total higiene
Jesús Manuel Hernández / El Sol de Puebla
Unos familiares habían traído de regalo unos cuantos kilos de “moronga” famosa en su pueblo por prepararse con total higiene y haberse condimentado como los abuelos la hacían.
A fin de cuentas, el principio es el mismo, pese a la necedad de una de las primas en insistir sobre la “mexicanidad” de la moronga.
En verdad, si no fuera por la llegada del cerdo a tierras mesoamericanas en tiempos de Hernán Cortés, ningún carnicero, ninguna fiesta, ningún albañil hubieran podido preparar los guisos de la moronga.
Según los países las recetas fueron modificándose, los parisinos por ejemplo le dieron más importancia a la cebolla; los asturianos a la de cebolla y los de Burgos de arroz, y entre ellas la de Sotopalacios, sin duda la mejor probada por Zalacaín.
Esa “rellena” cocinada se bañaba después con salsa verde martajada recién hecha y se hacían tacos con el guiso, acompañados a veces de un buen pulque del rancho de los parientes.
A fin de cuentas, la sangre del cerdo es muy poblana en su tradición culinaria, pues la ciudad de los Ángeles fue la cuna del cerdo en México.




























