Las madrugadas | EL RINCÓN DE ZALACAÍN
Resultaba novedoso encontrar en ciudades del mundo, como París y Madrid
Jesús Manuel Hernández / El Sol de Puebla
Para muchos conocidos del aventurero Zalacaín resultaba novedoso encontrar en ciudades del mundo, como París y Madrid, una cultura de consumo de alimentos en la madrugada, a manera de las cenadurías de los mercados populares mexicanos.
El espacio recibe lo mismo a gente de smoking, vestimenta coloquial o turistas de tenis.
Lo mismo sucede para quienes acostumbran visitar Madrid y se aficionan al chocolate espeso, muy espeso, a la española, los churros o las porras en la madrugada, para dar un toque al final de la marcha nocturna, ese chocolate espeso reconforta siempre el organismo.
Zalacaín recordaba los sitios famosos en el pasado en la ciudad de Puebla diseñados para beber y comer algo con un común denominador, estar “caliente y picoso”.
Famosas las pozolerías, o los establecimientos donde se podía comer mole de panza, chito o de zancarrón, acompañados de alguna cerveza y un tequila.
En el mercado El Alto fueron juntándose los grupos musicales para tocar ahí al lado del automóvil, en plena vía pública, o en los corredores del mercado donde los grupos estratégicamente se van turnando para no encimarse en su interpretación.
Zalacaín recordaba varias anécdotas en esos espacios donde los amores frustrados encontraban un cobijo.
Pero hubo, en otros tiempos, dos sitios emblemáticos, desaparecidos hace décadas: la Lonchería Modelo ubicada en la 6 oriente cerca de la 5 de Mayo, lugar donde convivían desvelados, taxistas, periodistas y agentes de policía.
Otro el famoso “Taquito” en la 8 oriente, un sitio de comida libanesa, no de tacos de cabeza o de bistec, menos árabes. El nombre lo tomaron de los “taquitos de hoja de parra”, pero esa, esa es otra historia.





























