El ataque ocurrió durante la tarde de este martes en un domicilio ubicado entre las avenidas 15 de Septiembre y Gustavo Díaz Ordaz; una persona fue trasladada a un hospital
La Universidad Autónoma de Sinaloa descubrió que los arrieros introdujeron el sarampión en comunidades serranas de Cosalá y Badiraguato, provocando alta mortalidad en niños y adultos entre 1804 y 1806
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Para este día de asueto general, guardamos en nuestra libreta de apuntes un tema exclusivamente relacionado con el fútbol local de aficionados, mencionado también como amateur, en el que practican el deporte más popular del mundo niños, jóvenes y adultos de ambos sexos. Especialmente, nos referiremos a las ligas de veteranos, que, a más de 50 años de su fundación, en muchos sentidos han sido ejemplo a nivel nacional.
Trasladarnos al pasado, desde el principio, nos llevaría no solo mucho tiempo, que es lo de menos, porque de eso nos sobra, sino mucho espacio; solo recordaremos puntos importantes, como por ejemplo cómo nació la idea de integrar la primera liga formal afiliada a la que se llamaba entonces Asociación Estatal de Fútbol. Eso surgió a raíz de la fatídica muerte del entonces técnico y exjugador de la UAS, Miguel Dimópulos Ruiz. De los cuatro equipos pioneros, Uni Oro, Uni Azul, Seminario y La Garrita, actualmente solo existe el nombre de Uni Oro; de ahí le sigue el de la UAS, equipo que nació cuando Marco Antonio Medina Barraza, dueño de la franquicia de Imprenta Medina, lo cedió a la Universidad Autónoma de Sinaloa; sin duda alguna, el equipo más ganador a través de toda la historia del balompié polilla.
En la actualidad, de ese primer equipo, ya todos están retirados; los últimos en hacerlo fueron Juan de Dios Palazuelos y un servidor, luego de vestir durante 45 años esa camiseta. Con el paso de los primeros años, durante la administración de Elías Mejía López al frente de la Asociación Estatal, se logró que la FMF convocará al primer torneo nacional efectuado en Querétaro, en el que Sinaloa ganó el primero de sus muchos campeonatos. De ahí en adelante, Sinaloa, en especial las ligas de Culiacán, acordaron dividirlas por categorías con edades de cada 5 años a partir de los 30; actualmente ya no existe ni la de 30 a 35 ni la de 36 a 40, según tengo entendido.
En fin, el tema de las ligas de veteranos da para mucho, incluso para hacer un recuento paso a paso para darle forma a un libro; el caso es que, a través de los años, se ha convertido en una gran familia, unida y solidaria. En semanas anteriores, durante nuestra estancia en la caótica CDMX, no le perdimos huella gracias a los cronistas Sergio Mariscal y Antonio Espinoza, quienes nos mantienen al tanto a través de sus populares espacios de lo que sucede especialmente en la casa de la polilla: la SAGARPA, por donde nos dimos una vuelta la semana anterior para ver el duelo entre el equipo Ultra de la UAS, último en el que vi acción, y lo que fue el Princess Club.
En esa unidad deportiva, se ha recurrido a reglas más estrictas para que jugadores y porras integradas por familias enteras salgan de ese espacio a determinada hora por razones de seguridad y para que a los que les gusta “seguirla de frente” lo hagan en otro lado. Esa unidad es la que más gente reúne toda la semana, porque en el resto de las ligas, llámese infantiles o de jóvenes, andan desparramados por toda la ciudad. Es más, la liga de primera fuerza, que vivió momentos gloriosos, ya no existe; en la actualidad el balón rueda en canchas de las colonias en la modalidad de fútbol ocho.
Observamos en ese encuentro y en los otros dos que se jugaron a la misma hora, jugadores en deplorables condiciones físicas que no dan su brazo a torcer. Solo nos resta parafrasear un poco de la canción: “Sabía virtud de conocer el tiempo”. Y en este caso le agregaríamos “sabía virtud de retirarse a tiempo”. Es un punto de vista muy personal. O, en todo caso, en lo que hemos insistido: liga de fútbol ocho, con reglas muy específicas, cuyo objetivo sea correr menores riesgos. Escuché el comentario de un buen compañero: “Oídos sordos, Toño, es como predicar en el desierto, pero sin gente”.
Teodoro Ramírez Jacobo, mil usos de su pueblo, Guasave, reenvió una convocatoria en la que se convoca a un campeonato nacional para la categoría de 70 y más, en la que se invita a todo los estados que deseen participar con cuantos equipos quieran, pero como tiene el aval de la FMF, resulta que no solo la inscripción cuenta 8 mil pesos, sino que, aparte de que cada equipo tendrá que cubrir sus gastos de traslado, alimentación y hospedaje, sus jugadores tienen que estar registrados en la asociación de su estado, eso tiene otro costa a cambio de nada y como cereza del pastel, según apunta la convocatoria, ni derecho a trofeos tendrán los finalistas.
Sin más comentarios: ¡Qué bonita familia la Federación Mexicana de Fútbol y las asociaciones estatales! La de Sinaloa, como si no existiera, nadie sabe absolutamente nada de su trabajo, luego de convertirse años atrás en un referente nacional en cuanto a jugadores afiliados.
Para terminar: le hemos dado seguimiento personal al caso de nuestro amigo y líder del balompié polilla, Alfonso Aceves Martínez, a través de su hijo (contador de nuestras finanzas). Lamentamos lo sucedido, pero también que poco a poco esté en vías de estabilizarse. El gran Poncho, “Capi” Rubio y un servidor hemos integrado un tridente en muchas actividades de organización, independientemente de conocerlo desde su debut en su etapa juvenil con la UAS, décadas atrás. ¡Ánimo!