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Análisismiércoles, 22 de abril de 2026

La lucha por el poder

Y ahí es donde comienza el verdadero problema.

Porque mientras la ciudadanía lidia con esa incertidumbre diaria, la clase política parece haberse instalado en una burbuja donde la prioridad absoluta es la siguiente elección. No la seguridad, no la economía, no la reconstrucción del tejido social: la candidatura.

El fondo del asunto no son las pintas, sino lo que representan: una carrera adelantada, sin reglas claras y con un desprecio evidente por los tiempos y por la ciudadanía. Porque mientras se pelean por la visibilidad, los problemas estructurales siguen sin atenderse.

Porque ese es otro punto que deliberadamente se minimiza: la economía.

Y, sin embargo, ese tema no está en el centro del debate político actual.

Legislar no es acumular iniciativas ni aprobar dictámenes en serie. Legislar debería significar transformar realidades. Y eso, hasta ahora, no se percibe con claridad.

Lo que sí se percibe es una clase política desconectada, más preocupada por posicionarse que por gobernar. Una clase política que ha normalizado la crisis y que parece haber aprendido a convivir con ella sin intención de resolverla de fondo.

La lucha por el poder en Sinaloa no es nueva. Pero lo que hoy resulta alarmante es el contexto en el que se está dando: un estado que aún arrastra heridas profundas, con una sociedad cansada y con problemas estructurales que siguen sin solución.

En ese escenario, la disputa política no solo resulta inoportuna; resulta irresponsable.

Porque mientras ellos compiten, la realidad no se detiene. Y esa es una factura que, tarde o temprano, alguien tendrá que pagar.

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