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Durante mi secundaria y preparatoria tenía una pelea permanente con mi hermano por el control de la televisión. Él quería tener de manera permanente el MTV en la televisión y yo me rehusaba. Tengo que reconocer que no soy muy aficionado a la música; por eso, en aquellos años prefería ver alguna película, sintonizar ESPN o ver cualquier otra cosa antes que MTV. Sin embargo, a fuerza de aceptar la música por televisión en mi cuarto, terminé por aceptar y hasta esperar algunos de los programas del entonces mítico MTV.
Me tocó presenciar el lanzamiento del MTV para América Latina. En aquellos tiempos, las bandas latinoamericanas tenían muy pocas oportunidades de ser conocidas. Fue a través de aquel canal que supe de la existencia de Caifanes, Maldita Vecindad, Soda Stereo, Café Tacuba, Los Babasónicos, Aterciopelados, La Ley, Toreros Muertos, Los Auténticos Decadentes, Molotov, etc. No solo conocí aquellas bandas, también MTV me presentó a programas irreverentes que hubiera sido imposible ver en otros canales de televisión. Quedé deslumbrado por las atrocidades de Beavis and Butt-Head, Ren y Stimpy, Spy vs. Spy, Æon Flux y decenas de animaciones de contenido adulto que no tenía idea que existían.
Llegar de la escuela y ver en la televisión a los VJ Alfredo, Ruth, Gonzalo y Daisy Fuentes nos llenaba de alegría. Ellos se volvieron parte de la familia. Nos mostraban cuál era la tendencia del momento o anunciaban las giras de los artistas. Fueron los primeros influencers del mundo moderno. Gracias a ellos, los jóvenes podíamos conocer qué pasaba con el mundo del entretenimiento en una generación que ya comenzaba a despegarse de los periódicos escritos.
Para la Generación X, nacida entre los años 60 y 80, MTV representó algo más que entretenimiento: fue un catalizador cultural que rompió con las barreras de la televisión tradicional. En una era dominada por programación rígida y familiar, el canal introdujo el formato del videoclip como narrativa visual, transformando la música en una experiencia multisensorial que influía en la moda, el lenguaje y las actitudes juveniles. Artistas como Michael Jackson con “Thriller” o Madonna con sus provocaciones visuales no solo vendían discos, sino que definían identidades rebeldes y autónomas, alejadas de las imposiciones de los baby boomers.
Esta innovación democratizó el acceso a la cultura pop global, permitiendo que jóvenes de clase media en países en desarrollo, como México o Argentina, se sintieran conectados a un movimiento transnacional sin necesidad de viajar o comprar revistas especializadas. Además, MTV fomentó un sentido de comunidad en un mundo preinternet, donde la información viajaba lento. Los VMA (Video Music Awards) no eran solo premios; eran eventos que generaban debates en escuelas y trabajos, cuestionando normas sociales sobre género, sexualidad y política.
Recuerdo cómo el canal impulsó campañas como “Rock the Vote” en EE. UU., que se extendieron a Latinoamérica, motivando a una generación apática a involucrarse en temas cívicos, algo crucial para los X que crecimos entre crisis económicas y transiciones democráticas. En esencia, MTV nos dio herramientas para navegar la incertidumbre posadolescente: nos enseñó a ser críticos con los medios, a valorar la diversidad musical y a expresar disidencia a través de la cultura, marcando el paso de la pasividad analógica a una interacción más activa con el contenido.
MTV me ayudó a ser parte de algo. En las fiestas, los temas de conversación giraban en torno al último vídeo estrenado en el canal, el beso entre Madonna y Britney en la entrega de premios MTV, el capítulo escatológico más reciente de Beavis and Butt-Head o cualquier otra novedad que era presentada en el canal. Cualquier cosa que no tuviera tiempo aire en esa plataforma simplemente no existía para los jóvenes de aquella generación. Para los X, esto significaba pertenecer a una tribu global que rechazaba la homogeneidad de los 80, abrazando el grunge de Nirvana o el hip-hop emergente, géneros que MTV amplificó y que reflejaban nuestras frustraciones laborales y existenciales. Era un espejo de la transición de la adolescencia a la adultez, donde la ironía de shows como “The Real World” nos preparaba para realidades crudas, fomentando empatía en una generación a menudo etiquetada como cínica, pero que, en realidad, buscaba autenticidad en medio del consumismo rampante.
Hoy, los dueños de MTV anuncian su desaparición. La despedida comenzará en Europa y, poco a poco, se apagará la señal en el resto del mundo. El canal dejó de ser relevante desde hace, al menos, una década o tal vez más. Ya es irrelevante como casi toda la televisión. El MTV de hoy nada tiene que ver con lo que fue. Nadie extrañará lo que hoy es. MTV murió de nada; sin embargo, hay tristeza por la partida de un amigo que nos enseñó a ser jóvenes; nos ofreció identidad y marcó a toda una generación. Su legado persiste en plataformas digitales como YouTube o TikTok, pero para los X fue el pionero que nos equipó con un lente crítico para el mundo moderno: uno donde el contenido efímero reina, pero la innovación cultural que impulsó sigue resonando en cómo consumimos y creamos hoy. En última instancia, MTV no solo entretuvo; moldeó una mentalidad resiliente, enseñándonos que la juventud no es una fase, sino una forma de ver el caos con creatividad y rebeldía.
El mundo sigue; MTV dejó su espacio a YouTube, Spotify y otras plataformas digitales. Así mismo, nuestra generación dejará espacio a las nuevas con sus formas de expresión muy particulares. Lo que ya fue, ahí queda, y únicamente nos queda agradecer el tiempo que nos dio identidad.