Crónicas de Ambulancia: El abrazo del destino
El llamado del deber como socorrista llega de diferentes formas para cada persona, a veces por cuestiones tan azarosas que parecen increíbles
Jesús Verdugo /El Sol de Sinaloa
Culiacán. - Fue hace varios años, ya ves que uno ni los cuenta. Apenas iban a abrir la sub delegación allá en Villa Juárez y el que era coordinador me habló; que necesitaban un operador de ambulancia.
Yo en ese tiempo ni un curita sabía poner, pero era chamba. Así que acepté y durante tres días me capacitaron. Me subí a la ambulancia para ver cómo se trabajaba y que rutas se tomaban.
Al principio yo me ponía muy nervioso, bueno, siempre estuve nervioso mientras estuve de operador. Salía junto al paramédico a los servicios y cuando iban tratando al paciente detrás yo solo veía por el retrovisor y manejaba sin saber bien que pasaba.
Así pasaron varias semanas y yo confirmaba que ese trabajo no era para mí. En uno de los tantos llamados que me tocaron cubrir recuerdo que una noche nos avisaron de una volcadura a las afueras de la sindicatura y ahí voy con mis nervios.
LA ESCENA
Al llegar vemos los curiosos de siempre junto al accidente, pero entre la oscuridad relumbraron varios fusiles colgando de sombras y siluetas de jóvenes con gorra; algo regular en esa zona de Navolato.
El paramédico se puso a trabajar y atendía a dos pacientes de la volcadura, yo esperaba en la ambulancia cualquier indicación. Del fondo del hecho me gritó para que le llevara una camilla y cuerdas de seguridad y “rápido las busco detrás de la ambulancia”.
Cuando salgo rumbo a mi compañero siento algo blando bajo mis pies, un tropezón entre la maleza y me detengo a ver que es. Ilumino con mi celular y un pequeño niño se dibuja entre sangre, tierra y dolor. Mi reacción es gritarle a uno de los jóvenes armados:
-hey, loco, ¿puedes ayudarme?
-Simón, jefe, dígame.
DEBER
Un servicio más, podría llamarlo así. Pero para mí fue el clímax de la incomodidad, esa misma noche le dije al coordinador que al final de la quincena renunciaría, él aceptó.
En mi penúltimo turno salí con el paramédico a buscar algo de comer al supermercado que estaba frente a la sub delegación, cruzamos la calle bajo el sol de mediodía y me detengo a refrescarme en los ventiladores de la entrada.
Siento unos pequeños brazos rodeándome por detrás, volteo confundido y un niño me mira y sonríe: "mamá, él es el doctor que me salvó" le gritó a una señora que venía detrás.
EL DESTINO
Siento unos pequeños brazos rodeándome por detrás, volteo confundido y un niño me mira y sonríe: "mamá, él es el doctor que me salvó".
MISIÓN
Me subí a la ambulancia para ver cómo se trabajaba y que rutas se tomaban. No era para mí este trabajo.
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