Crónicas de Ambulancias: Hipoglucemia
Para Ana Rocha el servir a la comunidad le apasiona, aun cuando toca entrar en guerra con los pacientes
Melissa Ortiz │ El Sol de Sinaloa
En las indicaciones dadas por la radio-operadora señalaron que se trataba de un adulto mayor con bajos niveles de glucosa.
Las sirenas de la ambulancia rompieron el crepúsculo otoñal, en escasos diez minutos se encontraban frente a una casota, de esas humildes y construidas con material basto.
Al cuestionar a los familiares sobre su estado ellos mencionaron que el anciano había recaído por la tarde, luego de que según ellos tuviese un disgusto.
EL CASO
Ante la hipoglucemia presente la mentora de Ana solicitó miel, misma que fue entregada por los familiares.
El hombre permanecía combativo sobre la cama, entre manotazos retiraba a los socorristas de su cara y cuerpo.
Luego de no ver reacción alguna ante el consumo del azúcar optaron por administrar una solución glucosada, misma que la joven aprendiz se ofreció a aplicarla.
Ante la negativa por ser atendido, el operador de la ambulancia tomó los brazos del anciano, al mismo tiempo que familiares y la paramédica astricta, tomaron al hombre de las extremidades inferiores.
Con un poco de temor a que algo fuese a salir mal, Ana tomó los utensilios necesarios, optando por la vía intravenosa, siendo en escasos segundos en los que la solución recorría el cuerpo del paciente.
De a poco el adulto mayor recobró sus sentidos y esa actitud evasiva con las que recibió a sus salvadores fue desapareciendo, sintiendo pena ante tal suceso.
POR UN ENOJO
Entre las pláticas siguientes Ana señaló que no debía sentirse de esa manera, ya que “para nosotros, como hijos, jamás será molestia atenderles”, señalando que ni el enojo o la frustración debían impedir hablara con sus familiares.
Tras la intervención médica y psicológica, la joven permaneció segura de que lo realizado allá atrás había sido lo correcto, ya que según esto no tratan con enfermedades, sino con enfermos, mismos que en ocasiones requieren estabilidad mental.
Ana Rocha, recién se sumó a las líneas de la Cruz Roja como paramédica voluntaria, luego de una difícil generación 37, en la que la llegada del Covid-19 todo se complicó para los estudiantes.
A sus 20 años de edad funge su labor de socorrista, al mismo tiempo que cursa su tercer año en medicina, disfrutando la ayuda humanitaria que realiza en la ciudad capitalina.
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