El triple duelo de Magui Tiznado
Por las noches, los pensamientos negativos las invadían, hasta que logró superar las pérdidas
Sandra Solís │ El Sol de Sinaloa
En la casa grande, Magui, de 60 años, se sumergió en un estado de tristeza y dolor que no la dejaba más que estar en su habitación acostada en su cama, mientras se hacía a la idea de que, por primera vez en su vida, iba a estar sola y su único contacto con sus familiares y amigos sería a través del celular.
Los días pasaban y la señora Margarita veía en cada cuarto cientos de cosas que le recordaba a su hermana, la persona con quien había acordado pasar el resto de su vida, pero que hace cuatro años falleció a sus 60 años.
En otro rincón de la habitación estaban también las memorias de su madre, quien dos años después de la muerte de su hermana, su estado de salud se fue deteriorando y aunque Magui agarró el coraje para cuidar ahora su mamá, ella no logró vencer una enfermedad.
En una época que era difícil para Magui, el tener el acompañamiento de sus familiares y amigos cercanos, aportó mucho para seguir avanzando en su vida, pero ahora que su tía murió en marzo, en medio de una contingencia sanitaria, el salir a la calle dejó de ser opción, quedándose encerrada por quien sabe cuánto tiempo.
LLEGA LA PANDEMIA
Fueron por las noches, cuando a Magui le llegaban pensamientos negativos, “demonios”, como ella los llamó, quienes la incitaban a no vivir por haber pasado años cuidando a enfermos que al final perdían la batalla y la dejaban sola. La pregunta constante era ¿por qué a mí?
“Siempre con el problema de que Dios mío no puedo salir, me quedé sola en mi casa, estaba en una situación, todo lo que fue abril, mayo y junio, más o menos me la pasé muy, muy mal”, explicó.
Ya en junio, una sobrina de Magui vio que su estado de salud mental se estaba deteriorando, por no hacer ninguna actividad en casa y sus únicas salidas era a la casa de un sobrino que en todo este tiempo la procuro mucho y una que otra vez que salía por el mandado.
NUEVO COMIENZO
Magui al empezar a tener más sesiones de terapia, en el día, en la tarde o en la noche, empezó a percibir en su psicóloga a una persona para soltar todos sus pensamientos y en los momentos que “los demonios” regresaban, Lucy era quien la sacaba de ese hoyo, mientras en el proceso, aprendía nuevas estrategias para soltarlos ella misma.
Para su suerte, encontró en su terapeuta, una amiga con quien hablar de otras cosas, como sus recuerdos de infancia en Guasave, municipio en donde vive Lucy y que, con las llamadas, las sesiones las llegó a sentir como si fueran presenciales.
“A mí fue lo que me sacó adelante, el que yo haya sacado todos mis problemas que tenía acumulado, yo siempre le he dicho a Lucy que es un ángel que me vino a sacar los demonios que tenía, porque en una situación así, si puedes hacer cualquier locura”, señaló.
Una vez que empezó a soltar todas las emociones que tenía acumuladas por cuatro largos años de dedicarse a cuidar a sus familiares enfermos, con su seguridad recuperada, la pila de ropa sucia que era anormal en su casa, empezó a bajar.
El cambio notorio fue cuando el hablar de su hermana, mamá y tía con amigos y familiares ya no la destrozaba, por entender que las tenía que dejar y mientras ella siguiera con vida, no tenía que descuidar su salud, por lo que, dejó de comer alimentos chatarra y volvió a disfrutar de cocinar, aunque sea solo para ella.
Seguían pasando las semanas y aprovechando que el local que renta es una estética, llamó a la estilista para hacerse un cambio de imagen, se arregló el cabello y las uñas, sintiendo como volvía a renacer. Ahora a su grupo de amigas “casineras” que también pasan tiempo en confinamiento, les recomienda hacer lo mismo.
SUPERACIÓN
Han pasado ocho meses desde que Magui se quedó sola en casa y en las últimas semanas, la casa que duró vacía por un tiempo, corren una niña de tres y 13 años, hijas de una sobrina que recibió de manera temporal y aunque ya estaba acostumbrada a estar sola, la adolescente se ha convertido en su compañera del día.
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El reunirse con sus amigas del casino ya se ha vuelto una realidad durante la pandemia, eso sí con los cuidados que Magui requiere al ser considerada como una persona vulnerable al coronavirus y sus visitas a comer a la casa de su sobrino permanecen como una distracción y satisfacción por seguir adelante.
Ahora Magui vive en paz con los recuerdos de su madre, hermana y tía, disfruta de la nueva etapa de su vida al haber cumplido recientemente 60 años y a pesar de que su historia es diferente a como lo había planeado, acepta las nuevas experiencias que el destino le tiene preparado.
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