Los datos son desesperanzadores: para el año 2100 se tiene calculado que los casquetes polares derretidos de Groenlandia, y en sí del Polo Norte, causarán tal impacto que inundarán, al grado de sumergir en el océano, varias islas pequeñas que integran Oceanía.
Una de ellas es Tuvalu, la cual su situación es abordada en el interesante documental “Thule- Tuvalu”/ Suiza- 2014, de Matthias von Gunten, texto fílmico y antropológico inquietante sobre dos lugares tan distantes – unos 20000 km- pero cercanos en sus emociones y requerimientos ontológicos. Thule/ Groenlandia, la población más septentrional del planeta, vive con la amenaza del deshielo de las capas polares lo que traería para su manera de vivir, milenaria y arraigada en su idiosincrasia, un cambio radical que la obligaría a emigrar, cosa que sería mortal para sus moradores.
En sentido contrario, Tuvalu, archipiélago de islas en el Pacífico de la Polinesia, es una región donde el nivel del mar (ocasionado por los deshielos árticos) cada vez más sube, lo que haría imposible la vida allí dentro de los próximos años, pese a esfuerzos internacionales de querer resolver tan inminente catástrofes.
Contrario a lo que pareciera, Von Gunten no ancla su mirada fílmica en la óptica en la que fue encerrada su participación en esta edición de la décima emisión de Ambulante: el cambio climático. Más bien, la cámara en mano registra de forma honesta las entrevistas de sus habitantes. Cuenta el director que antes de iniciar la filmación propiamente, estuvo previamente tres años por aquellos lares para ganarse la confianza de los groenlandeses y tuvalenses.
Así, en forma intercalada y con burilados datos específicos sobre ambas regiones, Von Gunten estira su mirada cuasi antropológica sobre el devenir cotidiano de ambas zonas geográficas. Las secuencia de caza de focas y narvales (en Thule) o de pesca y de corte de cocos (en Tuvalu) son lo que verdaderamente vale la pena el documental. Que si el director está a favor o no de las políticas del medio ambiente mundial, que si la lectura toral del filme es despertar una conciencia sobre el deterioro de la naturaleza es tal vez lo menos relevante.
Un documental tiene en la multilateralidad (semiótica circular) su pepita de oro. Es decir, el ejercicio estético de su discurso visual se valida en la reinterpretación del espectador. Se sabe, y es hasta lugar común en la teoría del arte, que una obra no mejora al mundo, que todo artista debe cumplir un menester insoslayable: ver al otro, al ser humano. En este sentido, Von Gunten (un perfecto desconocido en México) ha asentado sus reales en el público de estas latitudes y estaremos atentos a sus posteriores trabajos. Sin embargo con este trabajo en documental deja en claro la labor del cine como testimonio, testigo de la época que le ha tocado registrar, aunque suene como lugar común, para las futuras generaciones las cuales tendrán, en caso de ocurrir lo que el mismo plantea, materia de estudio…