El primer presidente civil de México
A los tres años quedó huérfano; su padre, Domingo Portes, murió dejando viuda a su madre doña Adela Gil de Portes, quien educó y formó con gran acierto al futuro Presidente de México.
Inspirado en el estoico comportamiento de su madre Doña Adela, quien para sostener a la familia, de la que era cabeza, se dedicaba a la confección de vestidos entre sus amistades gracias a una máquina de coser que le quedó como único patrimonio al entrar en su viudez.
Convivían en ese ejemplar ambiente familiar: Su abuela materna, que era ciega; dos tías y su hermano mayor Domingo Portes Gil, quien murió a los treinta años, causando una profunda herida a Doña Adela, que en opinión del presidente Portes Gil jamás se cerró.
Allí en su residencia de la colonia Polanco, por iniciativa del gobernador Enrique Cárdenas, Jesús Reyes Heroles en 1975 a nombre del Presidente de México, entregó a Emilio Portes Gil la medalla Pedro José Méndez.
Portes Gil fue maestro rural, ganando treinta pesos mensuales que íntegramente llevaba a su madre para ayudarla en el sostenimiento de la familia completa.
Se nos ocurre recordar aquel pensamiento del poeta ciego, John Milton, sobre que la pobreza forja con más temple que la abundancia; al evocar al Presidente de México que en 1928 presidiría "los catorce meses difíciles de la Revolución Mexicana".
















