Análisissábado, 7 de febrero de 2026
Hablemos de tecnología / México expuesto
ÚLTIMAS COLUMNAS
Más Noticias
COLUMNAS
CARTONES
LOÚLTIMO
Newsletter
¿Te quedas fuera de la conversación? Mandamos a tu correo el mejor resumen informativo.
Así como en ocasiones valoramos la salud sólo cuando hemos enfermado, hoy las políticas de ciberseguridad en muchas instancias públicas y privadas están enfermas. No se valora la inversión, control y supervisión de los
Hay momentos en los que un país no se ve vulnerable por la falta de recursos, sino por el exceso de confianza. Estimado lector, cuando la información personal de millones de personas se convierte en un archivo descargable, la pregunta ya no es si el Estado fue atacado, sino si estaba realmente preparado para defenderse.
Nada justifica las malas acciones de un grupo de ciberdelincuentes. Pero tampoco se puede ignorar la responsabilidad que existe detrás de cada sistema mal configurado, de cada servidor sin parches y de cada decisión pospuesta por “falta de presupuesto”. La ciberseguridad no es un lujo tecnológico, es una obligación administrativa. Cuando alguien decide no actualizar un firewall o posponer una auditoría, esa omisión también tiene consecuencias, aunque no deje huella visible de inmediato.
A principios de 2026, México despertó con una de esas consecuencias. Reportes periodísticos y análisis técnicos revelaron una mega filtración que involucra a al menos 25 instituciones públicas. El grupo autodenominado Chronus Team presumió la extracción de 2.3 terabytes de información confidencial, una cifra que por sí sola resulta difícil de dimensionar, pero que se vuelve alarmante cuando se traduce en datos de hasta 36.5 millones de personas.
De acuerdo con investigaciones de la consultora Silikn®, el evento es uno de los incidentes de ciberseguridad más graves en la historia reciente del país. Víctor Ruiz, fundador de la firma, lo dijo sin rodeos: esta filtración no es un accidente aislado, sino el síntoma de una debilidad estructural que México arrastra desde hace años.
La lista de instituciones afectadas es tan amplia como preocupante. El sistema de salud pública, a través de IMSS-Bienestar, concentra la mayor carga de información filtrada: alrededor de 1.8 terabytes que incluirían expedientes clínicos y datos de 3.1 millones de personas validadas ante el registro civil. Información médica que, en manos equivocadas, puede usarse para extorsión, discriminación o fraudes especializados.
En el ámbito fiscal, el golpe alcanza al SAT. Chronus asegura poseer bases de datos de más de 30 millones de contribuyentes, ya en circulación en foros clandestinos. RFC, domicilios fiscales y registros administrativos son oro puro para esquemas de suplantación de identidad y fraudes financieros cada vez más sofisticados.
Lo verdaderamente inquietante es el contexto en el que ocurre esta filtración. México avanza hacia una digitalización acelerada de trámites, con proyectos como la CURP biométrica, la Llave MX y registros centralizados de salud y telecomunicaciones. La promesa es eficiencia y simplificación; el riesgo, como advierten los especialistas, es crear un “punto único de falla” irresistible para el cibercrimen.
Centralizar datos biométricos, médicos y fiscales sin una infraestructura robusta equivale a construir una bóveda con una cerradura endeble. No se trata de frenar la transformación digital, sino de entender que cada nuevo sistema debe nacer con seguridad desde el diseño, no como un parche posterior cuando el daño ya está hecho.
Estimado lector, México no está “expuesto” solo porque existan hackers capaces. Está expuesto porque durante años se toleró la obsolescencia, se normalizó el uso de contraseñas débiles y se subestimó el valor de la información como activo estratégico del Estado. La buena noticia es que este tipo de crisis también abre una oportunidad: repensar la transformación digital con seriedad, ética y visión de largo plazo.
La privacidad ciudadana no es un daño colateral aceptable del progreso tecnológico. Si algo deja claro este episodio es que un país puede digitalizarse muy rápido, pero protegerse mal. Y cuando eso ocurre, la factura no la pagan los servidores ni las instituciones, la paga usted, Amigo lector, con su nombre, su historial y su identidad circulando en la red.
Quien renuncia a su privacidad por comodidad terminará perdiendo ambas- Benjamin Franklin
Facebook: www.facebook.com/soylalodelatorre
Email: tecnologia@lalodelatorre.com