Expediente Confidencial | El otro Diego
Entre finales de los setentas y principios de los ochentas, el cantante argentino Diego Verdaguer gozó de un éxito tangible en México.
Verdaguer no era un poeta con letras vagamente izquierdistas y profundas, como sus coterráneos Alberto Cortez y Facundo Cabral; tampoco un histrión del micrófono al nivel de sus paisanos Sandro, Leonardo Favio, Sergio Denis o Palito Ortega, que hacían de sus interpretaciones todo un circo.
Sin embargo, tenía un poco de ellos, lo necesario, y un mucho de sí mismo, lo indispensable, para forjar un estilo propio: el de un cantautor que interpretaba relatos y charlas, antes que melodías...
El otro estilo, de charlar con el oyente de sus canciones, en un símil musical de lo que en actuación sería romper la cuarta pared, se refleja más en temas como 'El cobarde' o '¿Y usted qué haría?', una suerte de confesiones por parte de un hombre derrotado y, por ello, débil, que anhela consejo.
Cuando Verdaguer perdió su estilo, a la par que envejecía, su estrella se fue apagando. En la segunda mitad de los ochentas ya no pasó nada con sus discos y para las noventas había desaparecido de la radio. El hoy fenecido cantante no supo hallar su lugar, como tantos otros baladistas, en el estilo pop de aquellos años...
En 2010, casi de 60 años, Verdaguer lanzó un disco producido y parcialmente compuesto por Joan Sebastian, quien, dos años antes, acababa de hacer el 'milagro' de que Vicente Fernández fuese escuchado hasta en los bares juveniles.
A Verdaguer no le fue igual. Ese disco, aunque de buena calidad, fue una pavesa de sus grandes tiempos y, además, se escuchaba claramente a Diego interpretando a Joan Sebastian, no a ese de 'El pasadiscos' o 'Yo quisiera que tú'.















