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En México, se consumó la reforma al Poder Judicial, la cual, no solamente abre paso a una nueva etapa en la conducción de las instituciones de impartición de justicia en nuestro país, sino que también representa un parteaguas en el fortalecimiento de nuestra democracia, pues permitió, por primera vez, que ministros, jueces y magistrados fueran elegidos por voto popular.
Este hecho inédito plantea una importante reflexión respecto a la transformación de la vida institucional en México y, por supuesto, en Tlaxcala, ya que la ciudadanía confía en que el nuevo Poder Judicial demuestre un cambio real, que deje atrás la era de corrupción y privilegio que lastimó la justicia, para dar lugar a la honestidad y la honradez que la defiendan.
El pueblo es, sin duda alguna, el gran protagonista de este momento sin precedentes. Su demanda de justicia imparcial y basada en las leyes encontró cause en una reforma profunda que modernizó estructuras con miras a que las decisiones judiciales reflejen los intereses de la sociedad y no los privilegios de unos cuantos. Pero, además, en este proceso, logró que la democracia mexicana evolucionara y fuera ejemplo en el mundo, haciendo que los nuevos ministros, jueces y magistrados se deban al pueblo, porque ahora es él quien los elige.
Al final, los intentos de quienes intentaron revertir la reforma no prosperaron, reafirmando el respeto a la voluntad popular y la necesidad de un Poder Judicial confiable, que debe asumir con responsabilidad el compromiso de tomar decisiones transparentes, equitativas y en apego a la ley. Y bajo este panorama, resulta relevante el encuentro de unidad institucional “Una Nueva Historia de Justicia”, que recientemente convocó a los representantes de los tres poderes en la entidad para ratificar su voluntad política en torno a la transición ordenada y pacífica en el Poder Judicial el próximo 01 de septiembre.
A diferencia de otros estados, en Tlaxcala se cumplió con el espíritu de la reforma y se logró una renovación del Poder Judicial pacífica y ordenada. Aquí, la Gobernadora del Estado, el Congreso local, y el Tribunal Superior de Justicia, generaron las condiciones para que el nuevo modelo de justica entrara en vigor, en un ambiente de respeto institucional que privilegió el diálogo y la colaboración. De esta manera, la transformación del Poder Judicial representó la oportunidad de demostrar que en la entidad hay estabilidad y gobernabilidad, y que sus autoridades buscan fortalecer la confianza en las instituciones, porque los esfuerzos de la gobernadora, los diputados locales y los magistrados y jueces salientes coincidieron en la necesidad de ofrecer un Poder Judicial a la altura de las expectativas ciudadanas, como parte de un anhelo superior, que es construir un Tlaxcala más fuerte, con rumbo y resultados.
Ciertamente, el cambio de fondo en el Poder Judicial es un proceso que implica retos importantes, porque sus nuevos miembros tendrán que demostrar con hechos que la justicia será accesible y confiable. Sin embargo, cada uno de los poderes en el estado ha hecho su parte para que la reforma se materialice, y que la transformación judicial sea congruente con un principio democrático fundamental: el poder público emana del pueblo. Así, el segundo piso de la Cuarta Transformación sigue adelante, fomentando mayor participación en la ciudadanía, y más compromiso social en las instituciones.