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Análisisdomingo, 12 de marzo de 2017

Parroquia

++ Un voto por los ciudadanos.Están marginados

++ Para los cocodrilos mordidas de pastel político

++ El subsidio prestando domicilios en elecciones

Con motivo del ambiente electoral que vive el Edomex, la Parroquia y los fieles se declaran en sesión permanente.

Y es que… nada más se pone la vista en los aspirantes como figuras importantes, pero nadie se preocupa por los ciudadanos que deciden una elección. Los ciudadanos están marginados.

Parece que el papel del ciudadano sólo consiste en tener mayoría de edad, ser mexicano y contar con la credencial para votar. Para otras cosas hasta se atropellan sus derechos.

Contar con una escuela para formar ciudadanos en política es ocurrencia válida que no han tenido los legisladores, los partidos políticos, ni la autoridad electoral.

Ayer, después de la ceremonia del culto hice un preámbulo del tema.

Expuse que en los eventos electorales, la materia prima esencial son los personajes para ser electos y los ciudadanos que emiten su voto.

Se cuenta con enorme estructura para elegir alcaldes, gobernadores, diputados, etc. Mantenerla requiere alto presupuesto. Son caros los comicios porque los organizadores cubren y cobran milimétricamente todos los detalles.

Sin embargo, las cosas no son parejas.

En la fiesta electoral, les comenté a los fieles, ya se sabe, unos dan mordidas de cocodrilo al pastel. Otros sólo reciben las moronitas del pan dulce o nada.

El ciudadano, quien paga todo el montaje del espectáculo cívico, sólo debe acudir a las urnas a votar como fiel corderito y conformarse con el resultado que le den. Nuca le han explicado cómo se “llega a caer el sistema”.

Los votantes cuando acuden a sufragar tienen prohibido manifestar su “predilección por el partido de sus amores”.

Es algo contradictorio porque el ciudadano a eso acude a las urnas, a mostrar simpatía por candidatos. Tiene más garantías “La Perra Brava” cuando va a echarle porras al Toluca.

Quien o quienes desobedezcan la prohibición quedan en riesgo de cometer un delito electoral. ¿Y las libertades dónde quedan?

Las elecciones cuestan varias millonadas, y así, los ciudadanos tienen que subsidiar, prestando sus domicilios con servicios emergentes para instalar casillas. Y debe ser de gratis.

¿Qué pasaría si algún día, los ciudadanos se pusieran en huelga como ahora los árbitros de futbol, y no prestaran sus domicilios para habilitarlos como casillas? Sencillamente, se suspendería el evento electoral.

Frecuentemente, en forma generalizada, se ofende a los votantes diciendo, sin pruebas, que cambian su voluntad política por dinero.

Imaginen: Llamar corrupto y negociante del voto al ciudadano que asume el costo completo de la elección. Eso es difamar, y ninguna autoridad lo defiende.

Si se genera esa situación es culpa de los partidos políticos por la escasa consistencia de sus candidatos.

La votaciones se están realizando a ciegas, por ello no mejora la calidad de los gobiernos.

El ciudadano ignora mucho de los candidatos. La autoridad electoral, que sólo coloca boletas con fotos y cuida que crucen las mismas, no ofrece información que sirva de orientación a los votantes.

La autoridad sólo sirve de escaparate para los productos que promueven los partidos políticos. No sabe el ciudadano cuando le ofertan candidatos nocivos para la salud popular.

Las organizaciones políticas son las únicas que tienen el monopolio de la protesta y hasta el privilegio de pedir el recuento de votos con derecho de exigir repetir una elección. Si los ciudadanos “patalean”, son perturbadores, agitadores.

¿A quién escoger para que se haga cargo de gobernar 16 millones de habitantes cuando las descalificaciones entre los mismos personajes postulados son graves?

Puede el ciudadano indagar con la autoridad encargada de transparentar, pero esa instancia casi no funciona. Más bien está especializada en ocultar.

Se me vino a la mente el evento electoral realizado por ciudadanos de Iztapalapa que eligen “al Jesús” para la representación de Semana Santa.

Un vecino fue el afortunado, pero lo dieron de baja porque mintió en los requisitos para nominarlo. Omitió decir que era casado. Con esto quiero resaltar qué tan importante es para la ciudadanía, manejarse con verdad y ser transparente.

¿Quién nos puede decir cuál es el valor y los derechos del ciudadano?

Uno de los clásicos, Aristóteles, dejó dicho: "ser ciudadano" significaba ser titular de un poder público no limitado, permanente: ciudadano es aquel que participa de manera estable en el poder de decisión colectiva, en el poder político.

Es palabra de La Parroquia… Amén.

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