Pluma Loca
+++Hace tiempo acabaron los partidos románticos
+++Aunque se ve mal, las elecciones son de Estado
+++ Los actores en campaña sólo ponen el palmito
+++ Una maestra dice que "derogará" la Ley de Atenco
Empezaron las campañas de los políticos que buscan la silla grande del Estado de México.
Siete ya caminan por todo el territorio. Donde llegan pisan con mucho cuidado porque todo parece terreno minado. Deben dar pasos donde no estallan los reclamos por la inseguridad, falta de empleos, inflación, transporte, pobreza y muchos etcéteras.
No es una campaña política decente, digna, decorosa. Los aspirantes a coronarse fueron inmediatamente al acoso político, al bullying, a las acusaciones, o sea actúan lejos de los calmantes que necesita la población para remediar sus males.
La primera estocada fue contra el gobierno, como para “herirlo de muerte”, al inculparlo de que realiza una elección de Estado.
Deberían saber los actores delatores que en México desde hace muchos años desparecieron los partidos políticos románticos, esos que a pulso hacían su esfuerzo por competir.
Acción Nacional fue el último partido político que vivía de sus propios recursos. Rifaba autos y, como insignificante ayuda, la Secretaría de Hacienda le condonaba pago de tributos.
Eso, a los panistas les redituó simpatía en la ciudadanía. Por ahí don Víctor Guerrero, dirigente, debe conservar algunos boletos de rifa como piezas de museo.
El partido Popular Socialista, que ahora sería como el abuelito de Morena, quién sabe de qué se sostenía. Tenía presencia, pero casi siempre estaba perdido en el escenario electoral.
El líder eterno del PPS fue el licenciado Gustavo G. Velázquez. Sus ingresos era por las cátedras de filosofía que impartía en la UAEM, pero no porque tuviera presupuesto oficial.
También existía el Partido Auténtico de la Revolución Mexicana ARM. El dirigente, de nombre Alfonso León García, se conformaba con presumir el membrete y con ser entrevistado por la prensa, de vez en cuando.
Con ese panorama, panistas, socialistas y parmistas nunca pudieron contra la aplanadora tricolor. Aún así, eran luchadores por alcanzar el poder.
Vinieron otras épocas. “Brillantes” ideas de los legisladores empezaron a “fortalecer” la democracia hasta lograr que el sistema electoral tuviera presupuesto para que las organizaciones políticas se ampararan económicamente.
Esos recursos son ahora las famosas y millonarias prerrogativas para sostener a improductivos seres de todos colores.
El gobierno –más claro la ciudadanía—paga todo. Los principales actores de la política sólo contribuyen con su palmito, con su porte, con su cara, con su apariencia. Eso es suficiente para llegar a las pasarelas políticas.
¿O qué es lo que invierten los “misioneros del servicio social” como para que se les considere que pueden ser adalides en los espacios de mando?
Ningún partido tiene autonomía económica. Se ignora qué reclaman cuando algunas dirigencias gritan que se realiza elección de Estado. Las facturas por gorras, playeras, cubetas, mandiles, etc. se pagan con presupuesto oficial.
Es penoso y triste decirlo: no hay oposición. Bueno sí la hay, pero es de mentiritas.
Por otra parte, algunos candidatos deberían cuidar sus expresiones para no comprometerse con asuntos que no podrán cumplir.
Por ejemplo, una maestra dice que cuando gane la elección y sea gobernadora va derogar la “Ley Atenco”.
Ella misma no se imagina lo complicado que sería su anuncio. No es facultad de un titular del Ejecutivo derogar leyes.
Tendría que hacer una solicitud al Congreso local, pero se va a topar con legisladores que en su mayoría son priistas, que seguramente no lo permitirían.
Por lo demás, es una ley que aún no está vigente. Fue enviada a consulta a la Suprema Corte para analizar su constitucionalidad. El supremo tribunal sugirió ajustes que todavía no se realizan.
¿Qué será lo que va a derogar?
Rafael Vilchis 6 24 88 24
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