Artesanas de Tenancingo reinventan el rebozo en adornos navideños únicos
La Escuela del Rebozo impulsa nuevas formas de artesanía que transforman esta prenda en decoraciones únicas y mantienen viva la técnica ancestral, la creación de esferas y piñatas de rebozo fortalece la economía de artesanas locales y da nueva vida a esta prenda icónica del municipio.
Paola Montoya / El Sol de Toluca
“Todo lo que se imaginen, pueden hacerlo; no hay un límite”, afirma la artesana.
Inicios
Hace cinco años, Alondra comenzó a elaborar adornos con rebozo como una forma de generar ingresos para su hogar y, al mismo tiempo, mostrar que esta pieza no solo se porta: también puede embellecer cualquier espacio.
“La inspiración surgió cuando pensé: ‘si lucimos un rebozo en nuestro cuerpo, ¿por qué no lucirlo también en una sala o un corredor?’”, recuerda.
Elaboración y distinción
La maestra también incorporó nuevas técnicas, como figuras tridimensionales que emergen de las decoraciones: campanas, nochebuenas, renos, velas y otros diseños personalizados.
El proceso exige paciencia: cada elemento requiere tiempo y detalle, lo que convierte cada pieza en una artesanía única. Las creadoras cortan, pegan y dibujan hasta materializar lo que imaginan.
Cortar un rebozo: un duelo y una nueva vida
Las artesanas no trabajan con retazos: cortan rebozos completos para elaborar las figuras.
Al principio, confiesa Alondra, le entristecía hacerlo, pues conoce bien el arduo proceso que implica tejer cada prenda. Hoy lo vive de otra forma: como una manera de que el rebozo trascienda.
“He cortado rebozos finos. Al inicio pensaba: ‘¿cómo voy a cortarlo?’ Pero luego ves lo que se puede crear, y sigues adelante”, relata.
Todo se utiliza
Las puntas del rebozo —los característicos flecos o barbas— también se incorporan: sirven como adornos en las piñatas o como el lazo que sostiene las esferas.
El objetivo es aprovechar cada fragmento y encontrar nuevas formas de integrarlo en cada diseño.
Comunidad y economía
En la escuela, ubicada en un jardín rodeado de naturaleza, se ha formado una comunidad de mujeres que se acompañan, ríen, comparten alimentos y sueñan con mostrar al mundo lo que crean con sus manos.
“Entre compañeras se apoyan para pagar los rebozos; compran varios y van cortando los que les gustan”, explica Vázquez Jiménez.
Cada esfera y piñata lleva consigo amor al arte, esfuerzo y dedicación. Por ello, ninguna pieza es igual a otra.
Próximamente realizarán una venta especial, anunció Emigdia Sánchez Cruzalta, fundadora de la Escuela del Rebozo de Tenancingo. El objetivo es que las mujeres comercialicen sus obras, reconozcan el valor de su trabajo y obtengan un ingreso propio.
Invitan a la población a adquirir piezas creadas en la región y apoyar esta tradición viva.































