Educación emocional: clave para transformar las aulas
En el Congreso Internacional de Educación, el psicólogo argentino Lucas J.J. Malaisi destacó que la salud emocional del docente es determinante en la formación de los estudiantes. Subrayó la urgencia de atender el bienestar de los educadores para lograr un verdadero cambio en la escuela.
Fernando Solís
‘Lo primero que hay que hacer es trabajar con el educador para que pueda desarrollar sus habilidades emocionales y después compartirlas con los demás’, puntualizó.
El estado emocional del docente marca la diferencia
El ponente explicó que diversas investigaciones han demostrado que más allá de la tecnología, el tamaño de las aulas o las estrategias pedagógicas, el factor que más influye en la calidad educativa es el estado emocional del maestro.
‘Nadie da lo que no tiene. Un docente que disfruta de su tarea, que gestiona sus emociones, que detecta una lágrima, que da un abrazo, que apoya con palabras de aliento y que reconoce el esfuerzo, sin duda marca la diferencia’, afirmó.
Plataformas emocionales: creatividad o defensa
Malaisi indicó que las emociones tienen el poder de determinar los resultados del proceso educativo. Describió dos modos emocionales:
‘Para que los educadores puedan transmitir bienestar, primero deben estar bien emocionalmente’, sostuvo.
Desafíos actuales de los docentes
El especialista advirtió que los profesores hoy están sobreexigidos y enfrentan pérdida de prestigio social, falta de apoyo institucional y judicialización de conflictos.
En Argentina, detalló, un 30% del magisterio tiene licencia médica, la mayoría por motivos psiquiátricos, lo que refleja el descuido en la salud emocional del sector.
‘Antes lo que decía el maestro era palabra santa; hoy se le cuestiona por todo. Si los padres hablan mal del docente frente a los hijos, difícilmente estos aprendan de él’, lamentó.
Vocación y reconocimiento
A pesar de las dificultades, Malaisi recordó que la mayoría de los maestros elige la profesión por vocación, como un llamado del alma.
‘La docencia es ingrata porque el maestro siembra una semilla que a veces no ve crecer. La gratitud queda en la memoria del estudiante, pero no siempre puede expresarla’, concluyó.































