Análisisdomingo, 26 de febrero de 2017
Arquitectura Religiosa del Templo Católico
Febrero de 2017
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Febrero de 2017
Tulancingo, Hidalgo.- En estos tiempos el crecimiento de los centros de población es evidente. En muchas ocasiones nos hemos encontrado que pueblos que hace 10 años eran apenas un grupo de casas de campesinos ahora se han convertido en pueblos en pleno crecimiento en los que se hace evidente la necesidad de equipamiento urbano suficiente para la población que ya contienen. Así, es imperante que se construyan en ellos, escuelas de diferentes niveles, clínicas, edificios públicos cines, casas de cultura y también los habitantes tienen el impulso natural de construir templos de su religión, predominando los templos católicos. Creemos que el INAH, que debe atender este crecimiento o las ampliaciones de los recintos religiosos, no está en posibilidad de atender esta gran tarea, debido a que el crecimiento de la población y de sus lugares del culto supera a las posibilidades presupuestales de Instituto. Este no es un mal menor o un asunto sin importancia, porque hay una realidad imperante que es esta: en las poblaciones que entes fueron rurales y que se han ido urbanificando, la gente demanda de los ministros del culto, la construcción o la ampliación de los templos debido a que los existentes que si bien dieron un eficiente servicio en pasados tiempos ya no son suficientes y aparte de la necesidad de que alberguen más fieles hay también la devoción de mejorar el lugar del recinto religioso es un factor muy importante en estas circunstancias. Por eso es necesario que quienes van a realizar proyectos para construcción de templos católicos, conozcan las consideraciones que se han tomado para que los recintos sean de calidad arquitectónica y litúrgica. Estas iglesias visibles no son simples lugares de reunión, sino que significan y manifiestan “A la Iglesia que vive en ese lugar, morada de Dios con los hombres reconciliados y unidos en Cristo”. Las iglesias, por lo tanto, no pueden ser consideradas simplemente como lugares públicos, disponibles para cualquier tipo de reuniones. Son lugares sagrados, es decir “separados”, destinados con carácter permanente al culto de Dios, desde el momento de la dedicación o de la bendición la iglesia es también la casa de Dios, es decir, el signo de su permanencia entre los hombres. La Iglesia continúa siendo un lugar sagrado, incluso cuando no tiene lugar una acción litúrgica. Las iglesias son también lugares adecuados en los cuales los hombres pueden alcanzar, en el silencio o en la plegaria, la paz del espíritu o la luz de la fe”. Es preciso prestar suma atención a las normas que regulan la construcción y decoración de los edificios sagrados. La Iglesia ha dejado siempre a los artistas un amplio margen creativo, como demuestra la historia y ha subrayado en la llamada Carta a los artistas. Pero el arte sagrado ha de distinguirse por su capacidad de expresar adecuadamente el Misterio, tomado en la plenitud de la fe de la Iglesia y según las indicaciones pastorales oportunamente expresadas por la autoridad competente. Ésta es una consideración que vale tanto para las artes figurativas como para la música sacra”. Es decir aunque en los templos católicos intervienen los arquitectos y los artistas, se debe tomar en cuenta siempre las normas y orientaciones que la iglesia considera al respecto. Resumiendo diremos que el templo: No es un lugar público, simple lugar de reunión, disponible para cualquier tipo de eventos. Es un lugar sagrado: elegido, separado y destinado con carácter permanente al culto de Dios. Es un lugar de gran dignidad, por la presencia real de Dios y la dignidad de su uso para el culto, y por ello de suma belleza. No es un “comedor familiar”, sino el lugar donde se lleva a cabo el banquete sacrificial, marcado por la Sangre derramada por Cristo. Debe ser apropiado para su fin: la oración y las celebraciones sagradas, aptos para conseguir la participación activa de los fieles en el culto divino. La verdad y la armonía de los signos que lo constituyen deben manifestar a Cristo presente y actuante en este lugar. Es un lugar de encuentro entre lo divino y lo humano, y por tanto debe expresar simultáneamente la omnipotencia de Dios y la pequeñez del hombre, la gloria de la resurrección y la pobreza de la cruz, a imagen del Verbo encarnado. El diseño debe responder a un estilo artístico auténtico de carácter sagrado y verdadero, es decir, al servicio del lugar y los ritos que en él se celebran, a la piedad y la fe, con la debida reverencia, belleza y perfección de formas. Los espacios que conforman el templo católico son: 1º - El lugar del sacerdote, presidente de la celebración, y demás ministros (presbíteros y diáconos): el presbiterio compuesto por sede, altar y ambón. 2º - El lugar de los fieles: la nave. 3º - El lugar de los ministerios y servicios (acólitos, coro, músicos, guía) 4º - El lugar para la custodia eucarística (tabernáculo o sagrario) y de los santos óleos. 5º - Los lugares específicos para los demás sacramentos (Bautisterio y Penitencia). 6º - El lugar de transición entre lo profano y lo sagrado: el umbral, el atrio y la puerta. 7°- Guarda de archivos: La iglesia parroquial debe prever el espacio para la guarda de los archivos de los fieles a su cuidado. Menciona el estudioso del tema Alejandro Hoese, muchas otras consideraciones que en este espacio no podemos añadir, pero que debemos considerar como el atrio, los campanarios, la sacristía, el coro o lugar de los músicos y cantores, la imagen exterior y otros. Ahora, tomando en cuenta la finalización del proyecto habrá que resaltar: la decoración y la iluminación. De esta última dice la especialista Mtra. Ivón Quiterio que: “El objetivo principal de la iluminación de un edificio eclesiástico es intensificar la sensación de misterio y espiritualidad producida en las diversas colectividades que hacen uso de él”. Nada menos que el gran arquitecto norteamericano Frank Lloyd Wright dijo a este respecto: “La luz comienza a ser cada vez más el factor embellecedor de un edificio, la bendición de sus ocupantes”. Para cumplir con las exigencias fundamentales de luminosidad (lo mismo se aplica a las térmicas y a las de ventilación), es necesario que se precise con exactitud la posibilidad de satisfacer las demandas litúrgicas más frecuentes de la comunidad (liturgias eucarísticas, actos del año litúrgico, impartición de sacramentos, etc.), y también garantizar las condiciones necesarias para hacer frente a eventos más raros y extraordinarios como: vigilia de oración, conciertos sacros, etc. Me llama mucho la atención este concepto de José Ribeiro sobre la construcción de Templos Católicos que dice: “No hay una receta exacta para construir un templo, cada vez que fuéramos a construir una iglesia deberíamos establecer una mesa de discusión entre arquitectos, artistas, sacerdotes y personas de parroquia”. En fin, que hay una serie de recomendaciones que los arquitectos y sacerdotes tienen que tomar en cuenta en estos menesteres.