Análisisviernes, 14 de octubre de 2016
Luis González de Alba
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Mi ídolo. Mi inspiración para escribir y para pensar. (Por supuesto, de todo lo malo y pésimo que hago en ambas cosas, no tiene Luis responsabilidad alguna.); figura destacada por sus opiniones y juicios sobre el acontecer nacional. Claro, por su perseverante labor periodística en el tema de la divulgación científica. Irreverente y sarcástico en todo lo que se refería. Muy conciso, daba la impresión de aferrarse a no dejar títere con la cabeza en su lugar.
Tenido por muchos años por izquierdista por su participación en el movimiento del 68, con frecuencia, y más en los últimos años, se alejaba de los preceptos tenidos por norma indiscutible por los socialistas. Así mismo, crítico mordaz de los personajes y políticos relevantes de luchas democráticas y revolucionarias.
Ahora que recién se ha suicidado suelen referirse sus amigos y partidarios a él como un iconoclasta que enseñó o mostró la forma de criticar a cuanto dogma tuviese enfrente. Sus enemigos, que fueron muchos, se insisten en calificarlo como rebelde arrepentido, un vendidoque muy pronto se hizo de derecha; claro, aprovechando su fama de haber sido por un tiempo muy corto integrante de la dirección de un movimiento de protesta, más bien fugaz (la vorágine del año 68 fue apenas 60 días,y González de Alba viviría después de eso 48 años.)
Yo me referiré a él por su destacada labor de divulgador del conocimiento. Estudió psicología y se graduó de esa carrera, y no obstante se aferró por encontrar explicaciones naturales, satisfactorias y sin rebuscamientos en temas alejados absolutamente de su formación académica profesional. La matemática, la física, la física nuclear y cuántica, la astronomía. La fisiología y la genética. ¡Dios¡perdón, ¡Satanás! Un atrevimiento. Casi una desmesura. Fenómeno ciertamente algo muy extraño. El querido (y aborrecido) Luis.
Este servidor, con toda la autoridad que le otorga el ser amplio conocedor de la divulgación le considera al psicólogo González de Alba un mérito grande y un lugar preponderante en ese campo. (No se me vaya a calificar de pedante pero, conozco a los de más grueso calibre en estos menesteres. El inmenso y buen doctor Asimov -entre mi hermano Juan y yo tenemos más de 100 de sus 400 libros-; de Carl Sagan;del patólogo mexicano Ruy Pérez Tamayo. Tengo la colección de aquella gran revista de la facultad de ciencias de la UNAM: Física -luego, Naturaleza- de los años 60 y 70, dirigida por Luis Estrada. Claro, todos los libros de “La Ciencia desde México” -después, “Ciencia para todos”-. Las diversas publicaciones que ha sacado el Conacyt. Los libros y artículos de nuestro Juan Antonio Pérez -ya ven, a veces me da por ir de lo sublime a lo ridículo-).
Mencionaré que una vez González de alba criticó un dicho de la astrónoma Deborah Dultzin sobre cierta consecuencia de la mecánica ondulatoria aparecido en uno de los libros de ella en Ciencia desde Méx. Se creó una polémica bárbara en el periódico La Jornada. Se agarraron bien y bonito, en tres artículos por bando. Y todo concluyó en que “la señora Dultzin” retiró de la circulación su libro. Pues las observaciones de Luis fueron muy acertadas, e inadmisibles de sostenerse.
Recuerdo la maestría y el dominio de mi casi héroe cuando habló de las bases en la demostración que hizo un matemático inglés en 1995 para la demostración del legendario teorema Fermat. Casi por ellos días, una vaca sagrada de la UNAM, el armenio Hacyen, se refirió a lo mismo. Nada que ver; el de los conocimientos matemáticos y de la elegancia y entendimiento era el psicólogo Luis.
Claro, se refirió, en su momento, a la corrección del calendario por motivo que la duración del año es con exactitud es de 365.2488 días. Desde los tiempos del gran Julio Césarse hizo la corrección de los años bisiestos (366 días), excepto para algunos múltiples de 100. Pero con el tiempo se ha notado que esono es suficiente. Cada 1560 años, o algo así, debe hacerse otra corrección. Algo demasiado puntilloso y exagerado, pero exacto. Luis, lo explicó muy bien en La Jornada. Y yo me atreví a presentar un programa de computadora, en un periodiquillo de la UAZ, para calcular los años precisos de la corrección.
Luis, el pensante, que aprendió los rudimentos del Cálculo Diferencial, y no pasó de ahí, a la tardía edad de 24 años en la cárcel, cuando medio se los explicó HernandezGamundi, el representante ante el CNH por la ESIME del Poli, ahora está bien muertote. Me siento raro y con tristeza veo que no encontraré ya más sus deliciosos artículos en Google los sábados en la noche.
Luis, el joto, que con mucho orgullo y valiente desafío nunca negó la cruz de su parroquia, y que con sólo su arma letal, el sentido común, abordó la discusión de temas escabrosos de la ciencia –en abril de este año, el mecanismo de la resonancia durante los sismos que amenazan en derribar a los edificios del DF-, ha dejado un enorme hueco en la existencia de sus muchos admiradores, partidarios; yo, entre ellos, el más ferviente.