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Análisisviernes, 26 de diciembre de 2025

Querido, Niño Dios:

En esta época en la que la fe, la esperanza y la ilusión se renuevan, hoy quiero escribirte desde el corazón, con palabras sencillas, pero llenas de gratitud. 

Gracias por todo lo bueno que has puesto en mi camino, por cada oportunidad y por cada aprendizaje que me ha permitido crecer como persona y de manera profesional.

Cada apoyo entregado, cada programa que llega a los hogares, cada sonrisa que se dibuja en el rostro de niñas, niños, madres y padres de familia, es una confirmación de que servir vale la pena.

Gracias por permitirme ser parte de un esfuerzo que no solo atiende necesidades materiales, sino que también fortalece el entorno, reconstruye la esperanza y mejora la calidad de vida de quienes más lo necesitan. 

Porque cuando se dignifican las condiciones sociales, también se dignifica el presente y el futuro de nuestro estado.

Te agradezco por el gran equipo de trabajo que me acompaña. Personas comprometidas, sensibles y profundamente convencidas de esta causa común, que diariamente ponen su granito de arena con responsabilidad y vocación, para fortalecer y mejorar a Zacatecas y su gente. 

Niño Dios, la Navidad es una época sumamente especial. Llega como un susurro al corazón de cada persona, recordándonos lo esencial. 

En un mundo donde las prisas, las preocupaciones y las exigencias diarias parecen dominarlo todo, estas fechas decembrinas nos conceden un regalo invaluable, la oportunidad de recordar lo verdaderamente importante. 

La unión familiar, el calor del hogar, el abrazo sincero, la palabra oportuna y la presencia de los seres queridos. Nos permiten estar juntos, compartir, escucharnos y disfrutarnos, sin distracciones ni urgencias.

Que esta Navidad nos encuentre con el corazón abierto; dispuestos a amar más, a juzgar menos y a tender la mano a quien lo necesita. 

Que no olvidemos que los pequeños actos de bondad también transforman realidades y que, así como en el trabajo diario buscamos mejorar la vida de los demás, en casa también debemos cultivar el respeto, la empatía y el amor.

Niño Dios, gracias por acompañarnos, por guiarnos y por recordarnos que la esperanza siempre renace.

¡Feliz Navidad!

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