elsudcaliforniano
Análisislunes, 14 de mayo de 2018

Fernando Jordán Juárez

“De la realidad bajacaliforniana, hasta entonces, había escrito precisamente lo obvio, lo superficial, lo sensacional y lo que creí oportuno. Se me había escapado lo más importante: lo que tenía sentido, lo que llevaba implícito un mensaje y un signo.”

Afortunadamente encuentra el camino y expresa:

“Hubo que volver atrás. Regresar nuevamente a los caminos, al desierto, a los hombres. ¡Más aún! A la historia, a los hechos que fueron… la clave de los hechos que son.”

Y en virtud de este descubrimiento es como se inicia la gestación de la obra:

“en una revisión regresiva…, tratando de aclarar el significado de una intempestiva y sincera respuesta”.

Y termina la parte introductoria, confesando:

Calor, emoción y amor que se manifiestan en cada renglón de la prosa jordaniana.

Emoción cuando, al describir el mar de California asegura que “se formó con el exclusivo propósito de ser el más original de los golfos de los siete mares.”

Y hay también amor cuando invita: “Detengámonos, pues, en el paralelo 28 y volvamos los ojos atrás. Dejemos la huella estrecha del camino y viajemos un poco desordenadamente, recorriendo a vuelo de pájaro la desolada ternura del desierto.”

Finalmente poeta, escribió “Calafia”, que fue la composición triunfadora en los juegos florales de La Paz en 1955, elaborada veinticuatro horas antes de cerrarse el certamen; recibió por ello flor natural y quinientos pesos en efectivo.

Jordán es, como afirmó el periodista Enrique Peña Moyrón, uno de sus más autorizados biógrafos, “el más insigne literato de la época actual que haya cantado las glorias y las bellezas de la península de Baja California.”

Coincidimos en ello, claro está…

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