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Análisisdomingo, 3 de noviembre de 2024

Sombras en el Llano en homenaje a Ruffo

Raymundo Ruiz, Cristhian Reyes, Luis Adrián Castro, Gabriel García, Luis González, Camila González, bajo la dirección de Alfonso Álvarez Bañuelos, ofrecieron arte en vivo.

¡Qué regalo!, literal, fue admirar la obra, porque no podría ser más perfecto: Rulfo llevado al teatro en el centenario teatro Juárez, en el Centro Histórico de La Paz, y escuchar la tercera llamada justo pasadas las siete de la noche, al lado de mi persona favorita.

Cada personaje sufre por separado, pero se integran en la actuación que obliga al espectador a voltear a la izquierda para ver al hijo y a la derecha para observar al padre.

Mi hija de 14 años por primera vez visitaba el recinto y había escuchado el nombre Juan Rulfo hace tiempo; le conté que había leído que Gabriel García Márquez era fan de Rulfo.

Luego vino la representación de “Es que somos muy pobres”, aquí, ya no podía esperar por recordar el diálogo donde se menciona el nombre de la vaca Serpentina y cómo su dueña llora por ella lágrimas de arroyo, todo descrito desde la perspectiva de un niño.

El narrador con máscara que abrió el primer cuento fue una historia por sí misma y se extrañó muchas veces, como se extraña a los muertos.

Hace 30 años conocí el libro de cuentos El llano en llamas (1953), de Juan Rulfo, y a los primeros minutos de lectura pensé que me encantaría verlos representados, y mi deseo se hizo realidad.

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