México arrastra un rezago de más de 60 años en gobernanza, compliance e integridad deportiva frente a países como Australia, Reino Unido, Canadá y Nueva Zelanda, que desde los años 60 construyeron sistemas sólidos con auditorías externas, financiamiento condicionado y mecanismos reales de prevención de conflictos de interés. Aquí, esa arquitectura institucional es débil o incompleta.
En el ecosistema deportivo —los 2,469 municipios, los 32 institutos estatales del deporte, organismos federales y diferentes entes operativos— la falta de gobernanza es evidente: en más del 80% no existen manuales de procedimientos actualizados, las matrices de riesgo no se aplican, los códigos de ética son simbólicos y la distribución de recursos carece de criterios verificables. La ausencia de estándares mínimos provoca que cada administración reinicie todo desde cero, anulando continuidad y debilitando cualquier política deportiva.
Las más de 70 federaciones deportivas nacionales presentan déficits severos: cerca del 80% no publica estados financieros auditados, no cuenta con comités de integridad operativos, no tiene transparencia proactiva y no cumple estándares internacionales como los SIGA Universal Standards o las recomendaciones de gobernanza de la OCDE. La falta de contrapesos y supervisión independiente permite decisiones opacas y poco técnicas.
Las consecuencias son claras: resultados deportivos irregulares, programas sin continuidad, infraestructura desaprovechada y un sistema sin rumbo. México ocupa el lugar 126 de 180 en el Índice de Percepción de Corrupción 2024, uno de los niveles más bajos de la OCDE y del G20, reflejo de estructuras que no exigen integridad.
Y el deterioro no solo afecta al alto rendimiento. La falta de gobernanza y compliance también frena el desarrollo del deporte social y del deporte para la salud, pilares esenciales para la inclusión, la prevención de enfermedades y la cohesión comunitaria. Sin reglas claras y sin continuidad, millones de personas quedan fuera de programas que podrían mejorar su vida. El talento existe; lo que falta es un sistema capaz de sostenerlo con integridad.